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Requisitos para el amor


Si yo fuera actriz querría ser Diane Lane. También querría ser como Diane Lane en la vida real. Esa indecisión acerca de las cosas, ese sentido del humor tan difícil de calibrar y su ignorancia sobre ella misma. No sabe que es hermosa, dice alguien en esta película en algún momento. Tampoco en “Bajo el sol de la Toscana” sabía que era hermosa y simplemente salir corriendo y refugiarse en un paraíso pequeño, de pueblo y casa de piedra, ya merece la pena. Claro que, aunque parece fácil, no todos podemos escapar. La escapada es un patrimonio de los protagonistas de películas, gente mucho más valiente que nosotros y que no deja atrás casi nada, si acaso, el set de rodaje. 

Cuando su exmarido Kevin, la deja plantada por una chica quince años más joven, ella tiene dos opciones: ponerse en circulación o quedarse en casa leyendo a Jane Austen. Ponerse en circulación significa entrar en los chats de citas de internet. No sabía que existían hasta hace poco, pero hay gente que cree a pies juntillas que ahí está el futuro de los ligues con futuro. Creo que Diane /Sarah hubiera preferido la segunda opción pero está rodeada de un número considerable de amigos gays, hermanas entrometidas y padre que no tira la toalla. Así es imposible cerrar la puerta al mundo. De modo que conoce a un padre de un alumno que parece representar al hombre ideal (no lo es, sino que resulta un sinvergüenza de tomo y lomo) y a un idealista constructor de canoas, que nunca vende nada y a quien han dejado plantado sin mayores explicaciones. El primero es Dermot Mulroney, el segundo John Cusack. Nada que ver uno con el otro. Mulroney es el chico que a todas nos gustaría que nos acompañara en las bodas cuando vamos de invitadas. Y Cusak, según le dé la luz, parece guapo, lo es o tiene una terrible cara de aburrimiento. 

Durante toda la película tienes la sensación de que hay un enorme malentendido que nunca acaba de desatarse. Los protagonistas andan en dirección contraria y Cusack, que es un tipo genial para lo romántico, tanto como para ser agente del Tesoro en “Con Air”, se escapa y se sale del filme, seguro que para continuar viendo una y otra vez “Doctor Zhivago” con un amigo del alma que cualquiera de nosotros envidiaría. Esto es lo mejor de la película, la cantidad de amigos y hermanas del alma que aparecen al rescate. A Mulroney hay que desenmascararlo, no queda otra, porque es de esos hombres que nunca dicen la verdad y que repiten un guión que aprendieron de pequeños: la caza mayor. 


Quizá la explicación más convincente de todo esto la hace el padre de la película, Christopher Plummer, setentón de muy buen ver que acumula amiguitas a las que atiende como un caballero e incluso lleva a su casa para que participen en las fiestas familiares o en la de Acción de Gracias. Se trata de bailar y bailar, dice, de una forma tan rápida que te haga olvidar que has perdido a la mujer que amaste profundamente. Ese vértigo sin sentido es un sucedáneo de caviar que no sabe a nada pero que logra que las horas pasen sin que tengas que estar, necesariamente, compadeciéndote a ti mismo. 

Diane Lane, vuelvo a ella, siente el desconcierto de todas las mujeres abandonadas. Siempre hay alguien más joven, más guapa, más dispuesta. Es una razón de peso y casi una ley de vida. Si en el exterior, en ese mundo que la rodea, no aparece un tipo verdaderamente listo como darse cuenta de lo que ella encierra, entonces es que el universo gira al revés. Pero la película acierta al no plantear la cuestión como algo exclusivo del mundo femenino. También el padre de la chica necesita cubrir el hueco de su mujer fallecida. También ellos quieren encontrar a alguien que les merezca la pena. Hombres y mujeres se igualan en esa búsqueda que la mayoría de las veces encierra trampas que no somos capaces de ver hasta que el agua nos llega al cuello. 

Sinopsis: 

Sara, divorciada desde hace ocho meses, está inmersa en un aburrimiento sentimental absoluto hasta que sus hermanas deciden inscribirla en un chat de contactos. Lo mismo le pasa a Jake. Cuando se encuentran lo único que tienen en común es que, a ambos, les gustan los perros. Aunque no poseen perros ninguno de los dos. 

Algunos detalles de interés: 

Aunque comenzó en el teatro con seis años, Diane Lane, en 1979, con trece años, hizo su debut en el cine junto a Laurence Olivier en la película A Little Romance protagonizada por el propio Olivier, Arthur Hill y Thelonious Bernard y dirigida por George Roy Hill.

Toda la familia de Cusack, de origen irlandés, se dedica a la interpretación. Tanto su padre Dick Cusack, como sus hermanos Ann, Bill, Joan y Susie han sido o son actores de profesión. Como Diane Lane, él también fue un niño precoz que hacía teatro y anuncios desde los doce años. 

La trayectoria de John Cusack abarca tanto el cine, como la televisión y el teatro, siendo, además de actor, guionista y productor. Es un actor versátil aunque está especialmente dotado para la comedia. Su  hermana Joan Cusack es la secretaria de Antonio Banderas en “Two Much” de Fernando Trueba y la compañera de trabajo de Melanie Griffith en “Armas de mujer”. 

Así como Diane Lane ha tenido numerosas parejas y dos maridos (la primera pareja fue el cantante Jon Bon Jovi), Cusack no se ha casado nunca. 

Christopher Plummer, bisnieto del Primer ministro de Canadá John Abbot, nació el 13 de diciembre de 1929 en Toronto. Durante su infancia estudió para ser pianista, pero le pudo su vocación de actor. Su dilatada carrera le ha llevado a interpretar papeles de todo tipo. Entre estos destaca el capitán Von Trapp de The Sound of Music (Sonrisas y lágrimas), un viudo con siete hijos a cuya casa llega María (Julie Andrews), la institutriz con la que llega a casarse y huir de Austria tras despedirse de sus amigos en un festival de música donde entona la canción Edelweiss. Este papel disparó su popularidad. 

Dermot Mulroney debe su lanzamiento mundial a su papel de novio de Cameron Díaz en la exitosa “La boda de mi mejor amigo”, de 1997, con Julia Roberts y Rupert Everett



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