Helene y Frank


Helene Hanff nació en Filadelfia el 15 de abril de 1916. Como se definió ella misma en su libro "84 Charing Cross Road" era una "escritora pobre amante de los libros". Sus padres fueron grandes aficionados al teatro, a pesar de que la profesión de él (vendedor de camisas) nada tenía que ver con el arte. Pero esa sensibilidad la transmitieron a su hija y ella, que no pudo ir a la universidad, siempre quiso ser una dramaturga de éxito. No lo consiguió. Escribió en revistas, hizo libros para niños y jóvenes, trabajó como guionista para la radio y su gran éxito, el libro por el que la conocemos, es el ya citado "84 Charing Cross Road" que narra, ni más ni menos, su pasión por la lectura y los libros, ejemplificada en la correspondencia que mantiene con el vendedor principal de la librería anticuaria Marks & Co de Londres. Desde Nueva York, donde vivía, estuvo veinte años escribiéndose con ese vendedor, un señor llamado Frank Doel, que fue primero reticente a una lectora tan puntillosa y excéntrica pero que luego forjó no solo una amistad, sino casi una relación. 


La primera carta se escribe el 5 de octubre de 1949 y la correspondencia, con sus interrupciones, acaba cuando muere, prematuramente, Frank, en diciembre de 1968, cuando había alcanzado una notoria fama como experto en libros. Frank Percy Doel era el menor de tres hijos y nació el 14 de julio de 1908 (era ocho años mayor que Helene) en Wallasey (Cheshire). Su primer empleo después de acabar sus estudios fue en la librería Mark & Co y tuvo siempre los mismos empleadores: Ben Marks y Mark Cohen. Allí siempre se le llamó "el joven Frank". En 1936 se casó por vez primera con una joven llamada Mary, con la que tuvo una hija, Sheila, que nació en 1939. Cuando estalló la 2ª Guerra Mundial ese mismo año se marchó al frente, luchando como soldado en Oriente Medio. En 1945 murió su esposa Mary y dos años después contrajo matrimonio con Nora, con la que tuvo otra hija, Mary. Era un gran aficionado a la música y al fútbol. Acreditado está su fervor por el Totenham. 


Nora y Frank compartían afición por los libros y pertenecían a la Sociedad de Empleos de Libreros de Antigüedades, los llamados Bibliomitas, a cuyas reuniones acudían regularmente y en cuyas actividades participaban. El encuentro entre Frank y Helene nunca llegó a producirse físicamente porque ella no era aficionada a viajar y postergó siempre la visita a la librería a quien pedía encargos durante muchísimos años, con el fin de completar su formación al modo autodidacta, ya que no  había podido hacerlo en forma reglada. Ella no consiguió el éxito teatral que esperaba y él era un hombre reconocido en su profesión pero que tampoco sobresalió más allá de la misma. Sin embargo, cuando Doel murió a los sesenta años y Helene tuvo conocimiento de ello, se sintió inspirada para recoger en un libro de pocas páginas, ciento y pico, esa correspondencia que para ella había supuesto acercarse definitivamente a la gran literatura inglesa de quien se consideraba deudora. 

Esa relación fue tan allá que, en tiempos del racionamiento posterior a la 2ª Guerra Mundial, los empleados de la librería y sus familias recibían paquetes de comida enviados por Helene, a pesar de que esto constituiría para ella un enorme esfuerzo económico, pues nunca fue una mujer pudiente, todo lo contrario. Vivió en un apartamento pequeño, oscuro y alquilado, cercano a Central Park, donde pasaba las horas para poder leer a pleno día. 

La librería Mark & Co era muy prestigiosa y por eso Helene decidió intentar que los envíos le llegaran a través del océano. La literatura inglesa que ella solicita se compone de clásicos, no solo de novela sino de ensayos y estudios filológicos, lo que no deja de sorprender en una persona con una escasa formación inicial como era ella. Pero pudo más su entusiasmo y su amor al saber para lograr sobreponerse a las dificultades primeras. Por supuesto se trataba de libros de segunda mano. Esto tenía, para Helene, una significación muy especial porque suponía que alguien antes que ella había leído el libro y había, por tanto, dejado en él alguna huella. En su libro va desgranando sus impresiones al respecto, estableciendo así un curioso intercambio de ideas entre el autor, el lector antiguo y ella misma. Yo añadiría a ese trío la figura del vendedor, que es una especie de sumo sacerdote, de intermediario necesario para que el libro le llegue y así creo que se lo tomaba el propio Frank Doel. 

De no ser porque Helene escribió ese libro autobiográfico, al tiempo que epistolar, en el que emerge la figura de Doel, nada habríamos sabido de este, pues los vendedores de libros, por muy expertos que sean, no pasan a la historia de la literatura. Sin embargo, esa especial unión que se estableció entre ellos, que algunos han intentado ver como amorosa, aunque es más bien una complicidad en torno al libro y a la lectura, dio lugar a que, al enterarse de su muerte, ella quisiera dejarlo inmortalizado de la mejor forma que sabía, esto es, recordando esa correspondencia y dando cuenta de lo que había significado en su propia vida la relación con Doel y su figura. No deja de ser un acto de agradecimiento que, al fin y al cabo, se ha convertido en la manera en la que ella misma ha pasado a la historia de los libros. Un acto de justicia poética a esa generosidad, podíamos decir. La prueba de que entregar siempre genera una energía positiva en todo lo que surge alrededor. La librería cerró y ella no pudo conocerla abierta. Publicó su libro en 1970, dos años después de la muerte de Doel, y viajó a conocerla en 1971. Ese viaje dio ocasión a una especie de secuela del libro, que tituló "La duquesa de la calle Bloomsbury", que no ha sido traducido al español, como ninguna otra de sus obras. Existe en el blog Afán por saber una recopilación de la lista de libros que ella pidió al librero, con sus correspondientes enlaces, aunque muchos no corresponden, como es natural, con las ediciones que ella consultó. Sin embargo resulta muy interesante el que se haya realizado el trabajo de recopilarlos. Helene murió con ochenta años en 1997, en Nueva York, donde había vivido desde que se fue allí buscando realizar su sueño literario. Antes de eso vio convertido su libro en episodio de televisión, obra de teatro y película (1987). 


Relación de imágenes: La librería Mark & Co, Helene Hanff, Anthony Hopkins en el papel de Doel, Anne Bancroft en el papel de Helene y Frank Doel con su familia (Nora, Mary, Sheila y él mismo)

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