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Mostrando entradas de marzo, 2019

"Un capítulo de mi vida" de Barbara Honigmann

Los libros se superponen los unos a los otros como si fueran piedras que arrastra la marea en la pleamar. Se acercan a la orilla y, cuando el agua se retira para seguir su ciclo de ida y vuelta, entonces las piedras se incrustan en la arena y se quedan ahí, como testigos de un movimiento único que no tiene retorno ni paradas. Asimismo hay historias, o, al menos, retazos, que siguen un mismo patrón, que responden a una misma necesidad, y que aparecen en un tiempo cercano. En este caso hablo del recuerdo de las madres asomado a la literatura porque así lo han querido las hijas. No es la primera vez que en este blog hablo de ello y esto sucede porque la lectura de algunos libros vuelve a traerme el pensamiento fresco y necesario de qué fueron nuestras madres, por qué las quisimos y qué les pedíamos a voz en grito sin que ellas, a veces, nos oyeran.  Rosamond Lehmann, Mary Karr, Angelika Schrobsdorff, Edna O´Brien, Irène Némirovsky, Vivian Gornick, entre otras muchas, han escrito s

Ama como un hombre, lucha como una mujer...

Mi voz suena casi inaudible en la lejanía: Dime algo bonito… Aunque sea mentira… La tuya tiene un temblor inusitado: No sé qué haría sin ti… ¿Dónde has estado el resto de mi vida?… Mientes… Una mentira puede encubrir una verdad mayor ante la que no podemos escondernos. A veces esa mentira es la única forma de decir “te quiero”. Puedes escribir “te quiero, jajajajaja” y parecerá que el sentimiento es de cartón piedra, que es un decorado. Puedes añadirle un emoticón y dará la impresión de que tienes un buen día. “Qué estas pensando” te preguntará la sagaz máquina. “Pienso que el amor es una batalla, aunque se acompañe con música de acordes suaves”. Pero, de pronto, se rompe el hechizo. Volvemos a la realidad. A lo que somos. A lo que ocultamos. A lo que no sentimos. A las cosas que nunca te dije. A lo que está prohibido. A lo que anhelamos. A lo que tememos. A lo que deseamos más que a nada en el mundo. A esa fuerza única que me obliga a no poder apartar los ojos de

Un flamenco en La Regenta

El secreto de este libro está en su capacidad para abrirnos la puerta, cerrada a cal y canto, de una sociedad que se sostiene en un ámbito geográfico muy reducido pero cuyo núcleo vital acumula tantos sentimientos, deseos, odios, miedos y pasiones que traspasa los límites de su propia espacialidad.  La ciudad, Vetusta, Oviedo, más aún, ese estrecho conjunto de calles y rincones que tienen como eco central la catedral, es el protagonista que refleja como un espejo el devenir de estos otros personajes con formas y nombres propios. Aún hoy es Oviedo, en concreto la zona urbana antes citada, la red que envuelve un determinado estilo de vida: la misma grisura de sus cielos, siempre cubiertos, y la misma presencia majestuosa de sus contornos montañosos. Los personajes de Clarín se sienten unidos y casi atados a la ciudad, marcados en su relación por la mezcla de amor y odio inherente a los conflictos humanos.  Entre esos personajes hay uno que ha despertado mi interés. Joaquín Org

¿Qué ha sido del periodismo?

Si ya en 1952 pasaban cosas como esta es que la herida del periodismo es antigua. Y el peligro de pérdida de las cabeceras cuando los fundadores fallecen, mucho más. Del periodismo de la convicción al periodismo del negocio, este podría ser un buen resumen de lo que aquí se cuenta. Y la historia completa la conocemos muy bien los lectores de periódicos de hoy, porque la vivimos día a día.  Tres líneas argumentales se entrecruzan en la película, sin que ninguna de ellas chirríe, porque resultan complementarias y coherentes: la lucha del periódico The Day por sobrevivir a una venta que lo haría desaparecer; la investigación por la muerte de una muchacha que ha aparecido desnuda con un abrigo de visón y la vida personal, desastrosa, del director del periódico, Ed Hutcheson, un hombre entregado a su trabajo y que, aunque está enamorado de Nora, no es capaz de hacerla feliz.  Los herederos de John Garrison, el visionario fundador del periódico, dos hijas y una esposa, están d

La construcción del relato en la ruptura amorosa

(Los amantes. Pablo Picasso) Aunque  pasar por un proceso de ruptura amorosa es algo que ocurre a la inmensa mayoría de las personas a lo largo de su vida no hay un manual de actuación y lo que suele hacerse es más por intuición, por necesidad o por simple desesperación. De la forma en que se encare una ruptura dependerá en gran medida la manera en que la persona afectada continúe afrontando el reto de la existencia. Y en muchas ocasiones un mal afrontamiento determinará secuelas que pueden perdurar más allá de lo necesario y de lo deseable.  Esto es particularmente cierto en el caso de los jóvenes pero no son ellos los únicos que ante una situación parecida se encuentran perdidos, con ese aire de expectación desconcentrada, como si en un combate de boxeo a uno de los púgiles le hubieran dado un golpe certero que a punto ha estado de mandarlo al K.O. Incluso cuando las relaciones vienen presididas por la confrontación, cuando se adivina desde tiempo atrás que algo no encaj

Sigue libre tu camino

Buscaba yo la forma de contar algo y en esa búsqueda me surge una frase en forma de amiga que está ahí aunque no se vea. Y es la frase la que da lugar al título y es el resumen, la glosa, todo. Sigue libre tu camino. Puede parecerte una exageración pero tienes que construirte un relato del fracaso. No puedes fracasar sin explicarte, sin explicarlo. Las interrogaciones tienen que cerrarse y convertirse en alguna clase de certeza, no demasiada, pero alguna, ligera, liviana, abierta, dulce. Una certeza sobre ti y lo que te rodea. Por qué me dejé engañar. Por qué permití que me utilizara. Por qué creí sus mentiras. Por qué pensé que yo era la culpable. Todos los porqués se condensan en una única pregunta que tienes desesperadamente que responder. Por qué a mí.  Así, primero llegará la decepción y luego el desengaño, un escalón más. Luego las preguntas que abren las heridas. Después el llanto inmenso. Te hundirás en una ciénaga de sentimientos informes y tu cuerpo dejará de ser par

"Golpéate el corazón" de Amélie Nothomb

Acaba de salir la última novela de Amélie Nothomb (Bruselas, 1967), publicada como las anteriores por la editorial Anagrama en su colección Panorama de narrativas. Se trata de una escritora inquietante, correosa a veces, limpia en muchas ocasiones, diversa, curiosa, extraña, quieta, certera. He leído algunos de sus libros y penetrado un poco en su mundo literario pero siempre hay sorpresas y este libro es una de ellas.  El tema central es la relación entre madres e hijas. He de decir que es una cuestión tan difícil de analizar sin caer en la mentira o en la ocultación que cada una de nosotras, las lectoras de este blog, podríamos escribir nuestra pequeña historia personal. Las madres y las hijas habitan en un mismo espacio pero tienen diferentes sentimientos, ven las cosas de distinta forma y son, en suma, seres opuestos que pueden o no llegar a encontrarse alguna vez. Conozco muchos casos de madres e hijas que se odian, otras que se adoran, otras que se soportan, algunas que

El hilo dorado

("Tristeza", Ramón Casas) Miró hacia atrás y no halló nada. Tenía sesenta y seis años, nueve hijos y acababa de quedarse viuda. Miró a su alrededor y no halló nada. La casa tenía un aire espectral, el mismo que adquirió cuando todos supieron que él iba a morirse. Nadie advirtió los síntomas, nadie supo que algo le pasaba, salvo por una leve tristeza y un cansancio nuevo. Ni ella lo supo y era la mujer con la que había convivido más de cuarenta años. La enfermedad cayó como una losa porque ese hombre generaba a su alrededor todas las unanimidades, era la fuerza que hacía brotar los días y el aire que movía las hojas. Las hijas lloraban a escondidas, los hijos se asustaron. Eran los más jóvenes y tenían poca experiencia de la vida. Un parasol de dicha los había cubierto hasta entonces. Ella supo que todo se acababa un día que encontró al hombre desnudo, sin poderse mover, mientras dos de sus hijas lo aseaban. Aquello le rompió el corazón. Siempre había sido tan pudoros

Rosalía

Otra vez. De nuevo. ¿Qué es esto? ¿Flamenco?  La historia del flamenco está llena de estas preguntas, de estos momentos que tambalean, aunque sea en apariencia, sus cimientos. El flamenco es una música (por encima de todo, una música) que lleva más de doscientos años curada de espantos. Los flamencos llevan el mismo tiempo haciendo “cositas” que espantan a unos y enardecen a otros. De modo que estamos otra vez ante el rito del desconcierto, de la división de opiniones y de las cátedras que se tambalean.  Primera conclusión: lo de Rosalía no es nada nuevo. Es otra vez algo nuevo, cosa muy distinta. ¿Qué significa nuevo? ¿Hay algo nuevo en el arte a estas alturas? ¿Van de nuevas los arquitectos que hacen gigantescas torres circulares u ovaladas queriendo tocar el cielo, cubiertas de ventanas, forradas de aluminio? Lo nuevo y lo viejo. Lo bello y lo feo. Lo sublime y lo falso. Y para más inri: el flamenco y lo aflamencado. O, aún peor, el flamenquito. Pamplinas de la Plaza Mi

La literatura de viajes y lo andaluz

La literatura de viajes es una fuente obligada para adentrarnos en el estudio de las ciudades y los países a lo largo del siglo XIX. Además de todo lo concerniente a rutas turísticas, monumentos o paisajes, es importante tener en cuenta que en esos libros se hallan valiosas referencias a los tipos, las costumbres y la cultura de los países. Por ello, a la hora de encontrar datos que nos ilustren sobre Triana y el flamenco, tenemos que comenzar nuestro recorrido por estos escritores.  Aunque, desde antiguo, existen relatos que narran las peripecias de los que llegan a un lugar extraño, es en el siglo XIX cuando los libros de viajes se convierten en un género, por su abundancia y por el interés que despiertan en los lectores. Son libros que se publican por entregas en revistas y  periódicos, reflejando mundos ajenos con una mirada que no los reconoce como propios y que, por ello mismo, repara en lo que los paisanos no tienen como importante.  En el caso que nos ocupa, po

Elefantes, martinis y canciones de amor

(Claudine Longet, la chica dulce del guateque) Imagino la cara que debió quedársele a Hrundi V. Bakski cuando, después de ser expulsado del rodaje de una película que supuestamente tenía lugar en el desierto  (que es un sitio lejano, con mucha arena, donde no se usan relojes de pulsera), recibe una invitación del productor de la misma para un party en su mansión de las afueras de Hollywood. No lo he hecho tan mal, pensaría. Al fin y al cabo, cualquier puede cometer un error…o dos. En este caso el error era la voladura anticipada de los estudios donde se rodaba la película en cuestión. Miles de dólares gastados en humo. Los estudios son, por supuesto, los de la Warner Bros. la productora de la película que se está rodando y la de “The Party”, que es la película de la que escribo. Cine dentro del cine, como se dice. Cine cómico dentro de cine histórico.  El caso es que Bakski, con un enorme parecido a Peter Sellers pero con el rostro maquillado en el tono más oscuro que L´Or

¿Por qué escribo reseñas de libros?

(Fotografía para Life de Nina Leen) La pregunta no es ¿por qué leo libros? sino ¿por qué, después de leer un libro, escribo sobre él? Me guardo mucho de llamarlo "crítica". Más que nada porque si un libro no me gusta lo olvido de inmediato, incluso dejo de leerlo en cuanto percibo que aquello no marcha. No soy una lectora sacrificada de esas que empiezan un libro y se imponen la penitencia de leerlo. Si en las primeras páginas, mejor aún, en las primeras líneas, no detecto esa conexión, ese algo que me atrapa, suelto el libro y me olvido de él.  Hay, sin embargo, algunas "segundas oportunidades". Me ocurrió con "La librería" de Penelope Fitzgerald. En un primer momento lo leí casi arrastrándome y ni siquiera le presté atención porque me olvidé del argumento enseguida y no era capaz de encontrar los cabos sueltos. Cuando pasó algún tiempo y se rodó la película sobre el libro, que dirigió Isabel Coixet, me sentí imbuida en su espíritu y, después

Demasiado blando para ser sheriff

Lo que más me llama la atención de esta película es Sylvester Stallone en su papel del sheriff Freddy Heflin. Pero no un sheriff usual, de esos que entendemos como normales en los Estados Unidos. Además de sheriff, o quizá por eso, es un buen hombre, pacífico, sin ganas de gresca y muy enamorado de una mujer que se ha casado con otro y por la que perdió la audición de un oído. Esto le ha imposibilitado ser un verdadero policía, que era su gran deseo. Así que aquí está, en el pueblo de Garrison, creado exprofeso para que vivan lo más tranquilos posibles muchos policías que trabajan en la zona de Nueva York.  Tampoco Robert De Niro hace uno de sus papeles usuales de capo de la mafia, de matón o de jefe de lo que sea. Este Teniente Moe Tilden, de Asuntos Internos, implicado hasta el fondo en un asunto raro que quiere descifrar caiga quien caiga, ofrece una cara menos estereotipada del actor, que no ha debido engordar ni adelgazar ni simular otro acento. Su físico es el de él mismo.