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"A Star is Born" de Bradley Cooper


Desde que hizo un pequeñito papel en la serie "Alias" he seguido a Bradley Cooper con esa insistencia que solo se produce cuando encuentras algo que te gusta mucho. Así que me confieso bradleriana y partidista a la hora de valorar su trabajo en el cine. Sin embargo, en esta ocasión, creo que coincido con muchísima gente que ha visto cómo  "A Star is Born", nada menos que la cuarta versión de la misma historia, es mejor que las anteriores, sobre todo porque la labor de dirección de Cooper es genial.


Los cinéfilos tenemos buena memoria. Grabamos en nuestra cabeza imágenes, frases y argumentos que a los que no son amantes del cine les pueden pasar desapercibidos. Nos entendemos a base de ver una y otra vez lo que admiramos. Somos una tribu con códigos especiales. Tenemos lazos en común que saltan a la primera. Si naces en una familia de cinéfilos eso ya te imprime carácter porque tu vocabulario, tus referentes, están en la pantalla. Y te entiendes a partir de ellos. Así que el cine es mucho más que un entretenimiento, que una oferta, que una industria, para nosotros. 

La cuarta versión de "Ha nacido una estrella" es la mejor de todas, a pesar de que tiene precedentes gloriosos. Y me ha enseñado algunas cosas  recordado otras. La química entre Lady Gaga y Bradley Cooper traspasa la pantalla. Sin esa química todo hubiera sido imposible. Estabas llamados a entenderse y cuesta creer que ese sentimiento que existe en la película no haya llegado a la vida real. Lady Gaga ha sido un descubrimiento para mí. Huía de ella por sus poses extrañas, su vestuario sofisticado y sus rarezas. Nunca la había oído cantar, al menos conscientemente. Y he aquí que aparece sin maquillaje, con su pelo natural y su voz, extraordinaria, no solamente por su fuerza o su belleza, sino por su capacidad de emocionar. Me ha conquistado completamente. Y Bradley Cooper ha mostrado otras dos facetas desconocidas hasta ahora: sus facultades para cantar y su talento como director. La voz de Cooper cantando es tan sentida, tan amorosa, tan quebrada, tan llena de fuerza, que me supera.

Pero lo mejor de la película y la enseñanza que me ha traído a la cabeza aunque ya la conocía por experiencia es que, cuando alguien te quiere de verdad, te arroja un haz de luz sobre ti y te empuja hacia arriba, te eleva, te ayuda, te hace sacar lo mejor de ti misma. Te levanta y te comprende aún a costa de sí mismo. Esa mirada que Cooper lanza a la chica es la que todas queremos sentir sobre nosotros.

Dos seres se encuentran en el momento oportuno. Uno, en su decadencia, la otra, en su esperanza. Y ambos hallan a la vez un elemento de unión, una luz, para ayudarse mutuamente. Él logrará que ella se dé cuenta de su valía, de sus cualidades, más allá de los cánones y de la opinión de otros. Ella le arrojará encima un trozo limpio de vida, una verdad que es más que el dinero o la fama. Ambos se miran y se comprenden. Eso es el elemento central, lo que ocasiona todo. A partir de ahí la historia gira en torno a una lucha, a una dificultad añadida para lograr el propósito y también, al amor, eso que hace que los hombres y las mujeres se tomen la molestia de sentirse cercas en un universo lejano.

El cine es un elemento extraordinario para crearte un estado de ánimo determinado. Piensas en ver una película y depende mucho de cómo te sientas. Esta película te dice que no puedes abandonar tus sueños y que si tienes la suerte de encontrar a alguien que se entregue generosamente a ti entonces no puedes perderlo de vista. Salvo que la vida te lo arrebate, como ha sido mi caso. Pero, aún así, esas manos tendidas, esa entrega única, esa frase "con todo mi amor, siempre", esa capacidad de darte todo, de hacer que labres un camino que, de otro modo, quizá nunca hubieras emprendido, esa belleza del amor en toda su verdad, eso no se olvida nunca.

La música es el elemento que lo canaliza todo, que lleva los sentimientos a lo máximo, no solo por los alardes técnicos o por la voz de los cantantes, o por la especial tensión que se crea sabiendo que se rodaron en auténticos espacios abiertos al público, sin engaños, sino, sobre todo, porque es el culmen de la emoción, la responsable de su magia, de sus momentos de comunicación más entrañables. Escucho a Bradley Cooper cantar y vibro. Escucho a Gaga y ocurre lo mismo. Es un milagro, un auténtico milagro. Mi corazón canta con ellos. Canciones extraordinarias. Música hecha para el disfrute y el entendimiento.

Aprendes mucho viendo cine. Mi madre era una cinéfila que casi todo lo que sabía lo aprendió del cine y los libros. Así he seguido yo su camino y así lo he dejado trazado. Es verdad que la vida, en sí misma, te defrauda en muchas ocasiones, pero también lo es que ver una película, gozarla, es vida. Hay muchas formas de vivir la vida y esta es una de ellas. Y de aprender de la vida cuando se muestra con sinceridad y con las palabras más directas. Esta película, además, te permite llorar, llorar sin trabas, y, al fin y al cabo, ese es uno de los mejores modos de sentir que, a pesar de todo, estamos vivos. "Shalow" es casi un himno. Y no se puede vivir sin banda sonora. 

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