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Iris Murdoch bajo la red

En sus fotos de juventud Iris Murdoch permanece seria, con una mirada distante, pensando en sus cosas, alejada del espectador, reconcentrada en sí misma. Solamente en las imágenes de los últimos años de su vida podemos verla esbozando sonrisas, siempre al lado del hombre con el compartió cuarenta y tres años, el profesor y escritor John Bayley (1925) que la cuidó cuando el Alzheimer empezó a rondarla unos cuatro años antes de morir. Son enternecedoras esas imágenes del matrimonio, en su casa o al aire libre, siempre juntos y siempre en la misma latitud. Lo que ya no me resulta tan agradable es ver la utilización que hace el cine de los libros que su marido escribió tras la muerte de la escritora y en los que relataba la vida de un cuidador de un enfermo de Alzheimer. Es triste e injusto que se hable de Murdoch más como una enferma que de una escritora. Pero estos son los efectos de vivir a base de titulares y de llamativas puntualizaciones, nada literarias. 

Ella, Jean Iris Murdoch nació el 15 de julio de 1919 y murió ochenta años después, en 1999. Fue filósofa, autora teatral, poeta y novelista. Pertenecía a una familia de granjeros presbiterianos por parte de padre y de la clase media anglicana por parte de madre. Ya se sabe que en Irlanda, su país de origen (nació en Dublín) esto de la religión es un elemento de altísimo interés a la hora de connotar a un personaje. Depende de eso el que tenga una educación u otra, de que siga determinados preceptos, de que tenga determinada ideología.

En el caso de la joven Iris tuvo una buena educación académica que llegó al postgrado y publicó su primera novela en 1954. Sus preocupaciones filosóficas y morales están presentes en sus libros, aunque matizadas por cierta ironía e, incluso, un sentido del humor muy especial. La novela "Bajo la red" acaba de ser publicada por la editorial Impedimenta y es la cuarta de una serie de ellas que esta editorial ha traducido al castellano. Las anteriores fueron "Henry y Cato", "El unicornio" y "El libro y la hermandad". Hasta que Impedimenta no comenzó a publicar sus obras Iris Murdoch era casi una desconocida para los lectores de nuestro país, aunque la editorial Alianza ya había publicado esta misma obra en 1992 y esto es algo que suele ocurrir con un número tan importante de escritores que me pregunto por qué siempre se reedita lo mismo y no se publican otras cosas que aguardan a que algún editor repare en ellas. 


El libro está escrito en primera persona y el protagonista es un traductor y escritor llamado Jake Donaghue que sufre una convulsión en su vida personal a raíz de la cual comienza a moverse en ambientes que están llenos de personajes extraños, difíciles y llenos de matices. En el fondo de su búsqueda, algo consustancial a los personajes de Murdoch desde siempre, incluso en esta primera novela, está el deseo de llegar a ser escritor, esa manera de acercarse al mundo a través de la palabra. Esa tensión, esa tendencia irrefrenable es lo que lo sostiene en los momentos difíciles y lo que se constituye en un implacable objetivo.

El amor, la fama, la riqueza, la lucha por conseguir los fines que el ser humano se plantea, el engaño y el abandono, todo ello se refleja en el libro, mezclándose la narración de acontecimientos o la descripción de los caracteres con la reflexión filosófica, todo ello con un aire humorístico que no nubla el fondo del pensamiento que la novela representa.

Iris Murdoch es una maestra de los diálogos. Aligeran el peso de la novela, indican la postura de los personajes y crean el ambiente adecuado para la narración. La personalidad del protagonista es el elemento principal sobre el que gira la acción. Es muy frecuente que los escritores se pongan en lugar de las mujeres para sus novelas y la prueba está en que las consideradas mejores obras "femeninas" están escritas por hombres: Madame Bovary, Ana Ozores y Anna Karenina son mujeres descritas por hombres. En este caso, Iris Murdoch se sitúa en el papel y la cabeza de su protagonista y cuenta desde dentro cómo se siente cuando su mundo cambia a raíz de que su novia lo abandone y tenga que recurrir a una forma de vida que lo sitúa en la cuerda floja.

Algunos capítulos son verdaderamente geniales, como el 17 (son 20 en total) en el que el protagonista se coloca como auxiliar en un hospital, puesto en el que se encuentra desubicado y cuyas peripecias describe con notable gracia. Lo mismo que los gatitos del final del libro, una forma de terminar que solo puede ocurrírsele a una mente brillante. Así fue calificada Iris Murdoch durante mucho tiempo, "la mujer más brillante del Reino Unido" y, si te fijas, no iban descaminados los que así opinaban. Es precisamente esa capacidad para narrar la realidad y la fantasía partiendo de una visión humorística que aligera el ambiente, lo que la distingue de otros narradores. Sus libros poseen una certeza que acaba por convertirse en duda y sus ideas filosóficas, partiendo del platonismo, están muy presentes en ese esfuerzo por comunicar al lector tanto lo que sucede como la interpretación de los hechos en un contexto general que no resulta fácil para el protagonista.


Bajo la red. Iris Murdoch. Traducción de Javier Alfaya y Barbara McShane. Editorial Impedimenta. Septiembre 2018. Dedicatoria: para Raymond Queneau. Título original: Under the Net, 1954. 
Diseño de la colección y dirección editorial: Enrique Redel
Maquetación: Daniel Matías
Corrección: Ane Zualika, Ana Doblado, Aymará Cardeña
Impresión: Kadmos, Salamanca

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