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Esas pequeñas cosas



Llevo guardado en la memoria del teléfono un mensaje que me mandó hace ya meses. Un ojalá que llegó de su parte sin que yo supiera ubicarlo, ni entenderlo casi. El mensaje era un SOS, como esos que lanzamos al aire por si alguien lo recoge o tiene a bien leerlo. No solo lo leí, me emocionó, lo guardé entre las cosas importantes y lo vuelvo a repasar a veces. Siempre, sin falta, me hace llorar su lectura. Y pienso en ella. 

Es la única chica entre varios hermanos. En esos tiempos, cuando era pequeña, no se estilaba en su casa, muy tradicional, que las niñas estudiaran. Solamente los chicos y bien poco. Así que se dedicó a ayudar en casa, ese eufemismo que significa que, a partir de ahora, se acabará la infancia y no existirá la adolescencia y serás una especia de chica para todo, de alguien que tendrá tanto quehacer que no podrá pensar en sí misma. Se casó sin amor y sin conveniencia. Un muchacho que, aunque no parecía merecerla de entrada, al menos la ha querido. Pero la falta de recursos no es un buen camino para la felicidad o, al menos, para la paz. Y ella ha seguido tirando de todo, de los pequeños y los grandes, los ascendientes, los hermanos, la vida en suma. 

Entre esa vorágine un día decidió que quería saber y se apuntó al colegio de adultos. Y acabó un título y luego otro y luego siguió yendo a aprender no sé cuántas cosas. Y su alegría natural sobresalía por encima de todo y en los fines de curso bailaba y cantaba con ángel, el suyo, el de siempre. Por eso le sobran las amigas, la gente la adora y todos quieren tenerla cerca. Sigue siendo como era, una luz en medio de una plaza oscura a medianoche. 

El mensaje es concreto, exacto, corto: "Tenemos días tontos, pequeñas cosas que se acumulan y rebosan. Tú ya sabes. La casa es vieja y falta fuerza para trabajarla por los dolores que tengo, y siempre el mismo aburrimiento, siempre lo mismo, la falta de dinero. Solo eso, lo demás todo bien. Tienes amiga para rato"

Y añade: "A veces sueño y me veo como yo quisiera estar. Tranquila. Con mi taza de té. Leyendo en paz" 

No sé deciros cuántas cosas me vienen a la cabeza al releer el mensaje. Lo que sí os digo es que siempre termino llorando. Algo tan fácil, como sentarse a leer en paz y ella aún no lo ha conseguido, tantos años, y aún no lo ha logrado. Está cansada y no puede descansar. Cuánto daría por intentar que lo lograra...

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