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El relato pictórico de Mary Jane Ansell y un libro de Banville


Las pinturas de Mary Jane Ansell (Shropshire, 1972) están pidiendo a gritos un relato. Las miras y captas solamente un instante, pero sabes que, antes de eso, han pasado cosas y que seguirán pasando hasta llegar a un desenlace desconocido. En este blog aparecen en algunas entradas precisamente así, convirtiendo en un espejo hechos que, de otra manera, no surgirían quizá o serían diferentes. En el último libro publicado por John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) la portada es una de esas pinturas. Representa a una mujer de espaldas, con el pelo recogido en un moño, bien peinada, vestida apenas con un finísimo vestido blanco del que se aprecia solo un tirante. En torno del cuello hay unas manos, que bien podrían ser de otra persona, un hombre, o de ella misma. En todo caso, las pinturas de Mary Jane Ansell representan en muchas ocasiones a las mujeres de espalda, ofreciendo su cuello, su cabello y su silencio, al espectador. 


Ansell es una pintora figurativa, cuyo estilo recoge la herencia de escuelas clásicas como la holandesa del siglo XVII, de la que extrae el gusto por el retrato, así como la luz barroca, tan teatral, que da lugar a ese relato pictórico del que hablamos. Es una luz blanca que destaca los rasgos, las expresiones y gestos, así como los escasos objetos que aparecen en los cuadros y, sobre todo, el tono corpóreo de las vestimentas, sucintas, sencillas, siempre en tonos pastel. También hay una sensualidad inherente a las figuras, una suavidad en el gesto, un aire recogido. Figuras femeninas cuya belleza es siempre misteriosa, como si ocultaran algo o como si hubieran sido sorprendidas en actitudes íntimas que no están hechas para ser expuestas a los ojos del espectador. 


El libro de Banville, cuya protagonista es la señora Osmond, de soltera Isabel Archer, emana de "Retrato de una dama" de Henry James. Es un ejercicio de equilibrismo literario en el que las piezas que quedaron sueltas al final del libro inicial aquí parece que quieren recomponerse y, quien sabe, andar solas. La imagen de la portada es un fiel anuncio de lo que vendrá en el interior y anuncia algunas ambigüedades, genera muchas dudas y anticipa el misterio de cómo un escritor contemporáneo sacude una obra maestra anterior y la convierte, a su vez, en una historia capaz de levantarnos de la silla. Si hubiera que aplaudir, pongo por caso. 

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