Ir al contenido principal

La íntima elegancia de Nina Leen


   El 26 de marzo de 2015 se inauguró en la galería Daniel Cooney de Nueva York la exposición "Lendslady", dedicada a la obra fotográfica de Nina Leen. El 15 de enero de 1951 la revista Life publicó una foto de Los Irascibles. Quince de ellos, todos artistas dedicados, en su mayoría, al expresionismo abstracto, habían posado para Nina Leen en lo que significó una postura colectiva contra la política expositiva del Metropolitan Museum de Nueva York, porque consideraban que no se exponía de forma suficiente obra de arte americano. En la foto aparecen, entre otros, De Kooning, Pollock, Rothko, Still, Newman y la única mujer, Edda Sterne. 

   No fue esta la única ocasión en que las fotos de Nina Leen reclamaron una enorme atención del público y de los medios especializados. Antes de eso, en 1940, había comenzado a colaborar con la revista Life con imágenes de animales. Los animales eran para ella más fiables que las personas y las peripecias del perrito Lucky, al que había adoptado y a quien dedicó una serie, tuvieron enorme éxito. Parecía que los animales en el objetivo de Leen se transformaban y se humanizaban. Ella, que nunca se consideró fotógrafa, sino fotoperiodista, cumplía con la condición esencial para ello: sus fotos representan historias que no acaban en la imagen ni terminan allí. De animales escribió 15 libros, aunque no fueron solo ellos el foco de su interés. 


   La moda, el mundo del cine, los clubs de jazz y sus ambientes, el mar y el ocio asociado a los baños, todo eso formaba parte de su visión de la vida cotidiana. Y, sobre todo, la mujer, retratada de mil formas: sofisticada, sugerente, ambigua, en animada conversación con sus amigas, en total silencio, acompañada de libros o revistas, en tareas domésticas. Siempre con una especie de ternura inquieta, de violencia soterrada, de tensión oculta, de elegancia íntima. Es un mundo femenino que parece guardar claves desconocidas para todos y que ella se empeña en desvelar, en traducir en gestos, en actitudes, en sombras, en vestidos y poses. 


   Su propia biografía es diferente y sugerente. No se sabe a ciencia cierta dónde aprendió a fotografiar pero su cámara Rolleiflex la acompañaba desde siempre. Había nacido en Rusia, en una fecha imprecisa pues siempre se negó a revelar su edad, aproximadamente entre 1909 y 1914, y su familia huyó de la revolución, viajando por Europa, como luego huyó de la segunda guerra mundial, marchándose a América. Desde 1940 aparece en Life con una serie de fotos sobre tortugas. En esos años se casó con un compatriota emigrado, también fotógrafo, Serge Balkin, comenzando una serie de espectaculares portadas que le valieron el conocimiento y el reconocimiento. Los últimos años de su vida los dedicó a escribir libros sobre animales. 

   Dentro de la nómina de espléndidas fotógrafas que empezaron a desarrollar su obra en los años iniciales y mediados del siglo XX, la figura de Nina Leen se antoja superdotada. Dueña de una sensibilidad especial, de una visión propia, la poesía que destila su obra está llena de paradojas, llena de contradicciones y de efectos tangibles. No es posible mirar sus fotos sin que una historia surja de ellas, sin que se cubran de palabras que se conviertan en la segunda piel de la imagen. Las luces y las sombras escriben aquí una historia imparable, del modo en que ella misma lo había concebido. Historias de triunfo o fracaso, dentro de un mundo que emergía lleno de novedades y que Leen presenció como una privilegiada espectadora. 

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes