Se trata de amor


Para Antonio, siempre

No quiero recordarte en el día de los muertos, ni en el aniversario de tu marcha, ni en la enfermedad ni en la tristeza. Sino en un día de corazones rojos, de lazos rojos, de flores sobre las motocicletas de los vendedores, de flores en los jarrones de cristal, de muchas flores. No en las tardes oscuras y en la noche que cae, no en la penumbra, ni en la distancia, sino en los amaneceres fulgurantes, en las playas tibias, en los abrazos únicos. 

No eras hombres de festejos pero conocías la esencia del amor. Eso te convirtió en un pasajero invisible de los sueños, en alguien que entregaba cuanto poseía, en alguien que latía al tiempo que la vida se dejaba caer entre las manos. No creías salvo en los hombres pero, aún así, entendías la llama de los besos, el cauce de los sueños, la estela de los pasos compartidos. Al unísono brillabas en todas las esferas de la vida, eras de claridad y, solo por eso, el amor se extendía en torno a ti como un manto de brumas sin solsticios. 

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