Ir al contenido principal

La esperanza es un dinosaurio azul



(Foto: Damián escribe sueños con sus animales)

El niño, este niño, otro niño, todos los niños, extiende por el suelo sus pequeños tesoros. Estampas de seres extraños, de la legión oscura, de batallas inconfesables; animales mitológicos, inocentes, antiguos, reales; trocitos de papel de colores que semejan montañas, ríos, valles y salvajes desembocaduras; tribus domésticas y otras más estrafalarias. Y dinosaurios. Los dinosaurios tienen nombres que el niño aprenderá a pronunciar como si fuera en otro idioma y que nunca se irán de su memoria y que lo mantendrán embelesado, dueño de una visión que nadie más conoce, que nadie entiende. 

El niño, este niño, otro niño, todos los niños, ha escrito en su cabeza una tremenda historia. Un relato en el que aparecen los buenos y los malos, en el que brilla alguna incertidumbre, en el que las palabras se conjugan para formar un tapiz de emociones inabarcables. Es el autor de algo que lo conducirá, desde el suelo de la habitación de juegos, a una galaxia con nombre de reyes del pasado, que llegan desde un nórdico paisaje a la calidez de la tierra del sur, al aire del mar atlántico o al mediterráneo, subido sin bridas en un caballito que dibujaba un hombre y que lo conduce al sueño posible de una infancia mágica. 

El niño, este niño, otro niño, todos los niños, crecerá soñando con que es posible una batalla campal en la que florezcan animales bellísimos, cursos de agua vencidos por cataratas de sueños, naciones enteras sumergidas en la corriente tibia de los besos, hallazgos únicos de esperanzas que nadie podrá convertir en arena o en cal oscura. Así, en este vaivén de los años y de la vida, el niño, este niño, otro niño, todos los niños, hará de sí mismo un argumento; de su imaginación, la fuente fresca de las ilusiones y de sus dinosaurios el puente por el que cruzar al otro lado del espejo, como una Alicia divertida y tierna, como una Katiuska con botas de piel y sonrisa imperecedera. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes