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Clásicos que son muy cool



A veces me preguntan sobre libros para niños y jóvenes. Mi máxima experiencia viene de mi propia infancia, cuajada de lecturas en una familia de lectores. Y también de mi hijo, lector avezado, precoz y lleno de iniciativa a la hora de elegir sus libros. Por supuesto, luego he trabajado con estrategias de animación a la lectura y llevado esa experiencia a mi actividad docente, pero hay muchas ideas que se han ido creando con el paso de mi vida como lector. Por ejemplo, nada de libros de mayores adaptados para niños ni de esos engañosos libros de mayores que nos empeñamos en que lean los niños. El Principito no es para niños, ni tampoco Platero y yo. La segunda idea es que los clásicos están muy bien, pero hay muchísima literatura infantil y juvenil de nuevo cuño que merece la pena leer. No hay que desconfiar por sistema de las sagas ni tenerle manía a los vampiros ni pensar que todos los lectores jóvenes piensan igual. 


Desconfío también de las llamadas "ediciones ilustradas" donde el texto se convierte en un mero apéndice de las imágenes. Ya hay bastantes textos que priman los dibujos para los niños más pequeños y para los neolectores, pero desde que el niño aprende a leer, a partir de los nueve o diez años, los libros tienen que tener las palabras que el autor escribió. No se trata de "rebajar" el contenido del libro, sino de elegir el libro apropiado. Las adaptaciones también son para echar a correr. Una edición completa con una buena traducción ofrece al niño el libro en todo su esplendor. Lo otro son resúmenes inadecuados que no tienen valor literario. 
Entre las lecturas que se pueden ofrecer a los chicos están los tebeos. Leer tebeos es un recurso genial para hacer lectores. Hay tebeos clásicos, algunos de los cuales se siguen actualizando continuamente, como Mortadelo y Filemón, cuyo autor, el genial Francisco Ibáñez, sigue la actualidad y la plasma en sus historias, de forma que podemos seguirla y morirnos de risa al mismo tiempo. 


Hay otros géneros de cómic, de distinto estilo, que tienen un gran valor literario y gráfico y que los chavales aprecian cuando los conocen. Ahí está el manga japonés o Persépolis, el libro-cómic que enseña valores de respeto, tolerancia y libertad. 
Algunos clásicos son complicados para los jóvenes. No solamente los que hemos citado sino otros considerados libros de niños, como Alicia en el país de las maravillas, que está lleno de simbología y que hay que leer en su momento, pues cuando no es así, se puede llegar a aborrecer la literatura sin más y convertirse la lectura en una carga. 
Acerca de la obligatoriedad de leer todos los que nos consideramos lectores y amantes de los libros sabemos que es un error. Una cosa es potenciar la lectura y otra el tema de los libros obligados. Conozco a mucha gente que le pasa igual que a mí: los únicos libros que no leí (al menos en ese momento) fueron los que me obligaron a leer los profesores. Hay una forma de incitar a la lectura que es enormemente eficaz: el ejemplo. Ver a tus padres o hermanos leyendo es la principal manera de que te enganche la lectura. Se contagia. Leer los libros y poderlos comentar. Convertir a los personajes en parte de tu familia, eso sí es animar la lectura. 


Pocas sagas han contribuido más al hábito lector que Harry Potter. Los libros de J. C. Rowling han sido y son seguidos y leídos por chicos de todo el mundo. Las colas en las librerías cuando iban apareciendo son un fenómeno inusual. Mucha gente se aficionó a leer a través del universo de Potter, genialmente diseñado, lleno de imaginación, fantasía pero también de valores. 
Transmitir valores es una de las preocupaciones añadidas a los autores actuales de libros para niños y jóvenes, un plus que probablemente no se planteaban los escritores de otros tiempos. Por eso, en todo lo que ahora se escribe subyace cierta ansia de moralizar, de sacar conclusiones y ejemplos positivos que en ocasiones convierte la lectura en una sencilla pesadez. No hay que menospreciar leer para divertirse simplemente, porque en sí el hecho de la lectura ya lleva una carga añadida de esfuerzo y de introspección. Leer exige soledad, comprensión, razonamiento y una buena dosis de sentido común para añadir ese bagaje a nuestra propia mochila. 


Entre los escritores españoles tenemos algunos muy destacados en este campo. Para mí la mejor es Laura Gallego, cuyos libros son muy apreciados entre jóvenes y no tan jóvenes. Las Memorias de Idhun están genialmente escritas y son adictivas. Ese despliegue de fantasía que gusta tanto a los chavales tienen en ella a una autora excepcional que merece la pena conocer y seguir. En las imágenes que he tomado de los libros de mi hijo hay varias sagas y todas ellas tienen la característica de que están bien escritas. Esa es una condición esencial, no solo que dicen sino como lo dicen. Y están los maravillosos clásicos de Julio Verne y, por ejemplo, Tintín, una saga que resulta adictiva por lo divertida y bien escrita que está. Como, desde luego, Astérix y sus amigos, que también andan por aquí, Cornelia Funke, Camilla Lackberg y algunos otros.



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