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"Los amores de Sylvia" de Elizabeth Gaskell

Una vez que descubres a Elizabeth Gaskell la adoras para siempre. Reconoces en ella a una escritora de pulso firme, a una mujer de convicciones y a una observadora de la vida, plena de matices y de pequeños detalles. Como otras mujeres de su generación (1810-1865), es una indomable, alguien que depositó en la escritura bastante más que una afición o un entretenimiento. 

Resulta muy curioso comprobar como sus libros no se paran, únicamente, en la clase a la que ella pertenecía, la más acomodada e instruida, sino que bucea en las contradicciones que la vida de los obreros y de la gente del campo presentaba en estos años mediados del siglo XIX. 

En su famoso libro Cranford, escrito durante su estancia en Manchester, plasma con toda sensatez la difícil vida de los trabajadores y la oscuridad de la misma. Otra obra de singular relevancia es Norte y Sur y, seguramente su obra maestra es Hijas y esposas, en la que la doble vertiente de la vida privada y de la vida social se unen de forma magistral para ofrecernos un cuadro inigualable. 

Gaskell se adentra en Los amores de Sylvia en un drama amoroso con tintes trágicos. La dedicatoria es tan tierna que merece la pena ser reproducida: "Este libro está dedicado a mi querido esposo, de parte de quien mejor conoce su valía". La acción transcurre en Monkshaven, "una pequeña ciudad en la costa del noroeste de Inglaterra". La principal dedicación de sus gentes es la caza de la ballena y todo lo que tiene que ver con el aprovechamiento del animal. Un trabajo duro, un entorno hosco, que marca el carácter de las personas. Esta cuestión se repite en la obra de Gaskell quien da una excepcional importancia a la forma de vida, a la situación económica y a la formación de sus personajes, convirtiéndolos en personas de carne y hueso, que nos resultan cercanos aun cuando la acción esté lejos de nosotros en el tiempo y el espacio.

Las descripciones son suntuosas, recogen no solo lo que se ve, sino lo que se huele y se palpa. "En algunas épocas del año, río abajo el olor era casi intolerable para cualquiera que no fuera habitante de Monkshaven..." El paisaje que rodea la ciudad es recreado con detalle y la naturaleza se convierte en un protagonista más de la acción. "En las hondonadas de los páramos, igual que en esos valles, crecían y florecían árboles y arbustos..." La historia de la ciudad, las guerras, las circunstancias militares y las victorias navales, se reflejan también para proporcionarnos el adecuado telón de fondo. Especial énfasis se hace en el hecho de que los hombres y jóvenes se marcharan a servir en la armada durante los años de la guerra con Francia. De ese modo, advierte, las casas se quedan sin varones y son las mujeres el centro único de la vida en todos los contornos. Este matriarcado de hecho tiene importancia en el devenir de la narración. "Muchos campesinos robustos y jóvenes desaparecían del hogar paterno, y ni madre ni enamorada volvían a saber de ellos..."

La descripción inicial de la protagonista es ciertamente tierna: "Sylvia Robinson era hija única, por lo que mucha gente la tenía en más estima que los padres de la Virgen María a esta". Corre el año de 1796 y es la hija de un granjero que acostumbra a ir al mercado a vender mantequilla y huevos. En su primera aparición en el libro va acompañada de su entrañable amiga Molly. Ambas visten medias ajustadas, llevan zapatos de cuero negro y tacón alto, así como faldas escocesas y sombreros de fieltro negro. Un chal sobre los hombros, desde luego, porque todavía ninguna de las dos había accedido a tener el derecho a poseer una capa.

De esta Sylvia provinciana, ingenua y poco instruida, sin demasiados deseos de mejorar salvo con un matrimonio que sea conveniente, se enamoran, aunque puede parecer extraño si hablamos de una joven bastante normal, dos hombres. Son muy distintos y la descripción que de sus caracteres se hace demuestra que, además, sus principios, actitudes e ideas no coinciden en nada. Ahí está el arponero Charley Kinfaid, arrojado y atrevido como su propia profesión, y el comerciante Philip Hepburn, mucho más tranquilo, más apegado a la vida cotidiana y el único hombre en un universo de mujeres pues, por su propio trabajo, se iba a quedar en el pueblo cuando todos marcharan a la guerra. La guerra es, por supuesto, la napoleónica y formará el marco en el que los sentimientos se mueven y los desenlaces se suceden.

Literatura victoriana en estado puro.

Los amores de Sylvia. Elizabeth Gaskell. Grandes Clásicos Mondadori. Traducción y prólogo de Damián Alou. Mayo de 2010.

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