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"Amy e Isabelle" de Elizabeth Strout


Elizabeth Strout es la autora de Me llamo Lucy Barton que aparece reseñado en otro lugar de este blog. Nació en Maine, en 1956, pero vive en Nueva York desde hace años. Esta es su primera novela. Hay que recelar de las "primeras novelas" que salen a la luz ante el éxito de las segundas o terceras. Pero, en este caso, no hay motivo. Amy e Isabelle es aún mejor que Me llamo Lucy Barton. Especialista en relatos y cuentos que publica en revistas y que la han llevado a ganar el Premio Pulitzer (Olive Kitteridge), su personalidad a la hora de escribir hace el efecto de una llama que atrajera a las mariposas. Es, sencillamente, única. 


En Amy e Isabelle se cuenta la historia de una madre y una hija, pero también la de toda una comunidad. Los personajes que transitan por el libro no son felices y ninguno hallará más que una especie de rutina confortable a lo largo de su vida. No hay falsas esperanzas, no hay optimismo. Tampoco desesperación, sino el transcurso ritual de las horas y los días, al abrigo de un pequeño pueblo en el que se sabe todo y en el que todo tiene un sentido propio, que muchos desconocen. La mirada de Strout es compasiva. Entiende las reacciones de la gente, a veces terribles; entiende los defectos y los malos actos. Pero no deja de observar y de sacar a la luz toda la podredumbre que, a veces, encierra el alma humana. La vida cotidiana exige valentía y eso es lo que relata, al fin y al cabo, la autora en este libro. 


Isabelle guarda una historia dura y lleva una vida de mierda. Ambas circunstancias definen su conducta y también sus pensamientos. Ya no puede permitirse soñar pero Amy, su hija, es un hilo de luz aunque ella no quiera admitirlo. Por eso se destroza el precario equilibrio que existe entre las dos (como suele ser común entre madres e hijas) cuando la madre descubre que tiene relaciones con un profesor de matemáticas. Amy no ve nada sucio ni turbio en esas relaciones y nosotros, los lectores, nos quedamos sin saber qué piensa él de todo eso. Solo conocemos lo que hace, intimar con Amy, besarla cada día, llevarla a casa, hacer que conciba ilusiones y, por fin, tener un acercamiento sexual que es descubierto accidentalmente por el jefe de Isabelle, el hombre por el que ella suspira sin motivo. 


La reacción de la madre será doble: contra el hombre que ha abusado de su hija, según ella piensa y contra su propia hija a la que ve en peligro de ser lo que ella misma es, una mujer sin ilusiones y sin vida. Por eso tomará las tijeras y arrasará con aquello que Amy más valora, lo que la convierte en una chica diferente a las otras, lo que la singulariza: su pelo. El hombre se marchará sin decir adiós y nunca sabremos qué pensó, por qué lo hizo, qué sentía. Un canalla, un solitario, un enfermo, un sentimental...Eso queda en el aire y nada nos acerca a su pensamiento. Salvo que se marcha del pueblo para siempre y nunca contestará la llamada ansiosa de Amy que no es capaz de dejar de pensar en él. 


Aunque tarde, Isabelle aprenderá algunas lecciones: que los hijos no son una continuación de los padres ni están condenados a pagar por sus pecados; que existen amigas que no pedirán nada a cambio por compartir una noche de pijamas; que la soledad pueda llevar a engaño y a pensar que un hombre es más de lo que es y más de lo que sueñas. Por su parte, Amy, abrirá la puerta de la adultez a través de este enfrentamiento con su madre y entenderá que ha vivido una realidad distinta a la del profesor y, sobre todo, buscará en su "otra familia", algunas razones que todavía no entiende. 



Amy e Isabelle. Elizabeth Strout. Seix Barral. Biblioteca Formentor. Traducción del inglés por Juan Tafur. Mayo de 2017. 

(Ilustraciones de la película de TV del mismo nombre de 2001 y foto de la autora y el libro)

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