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Mostrando entradas de mayo, 2017

"Personal shopper" de Olivier Assayas

(Cartel de la película para el Festival de Cannes) Personal shopper es una película francesa, rodada en inglés, escrita y dirigida por Olivier Assayas (París, 1955). Assayas es director, guionista y crítico de cine, sobre todo en la prestigiosa Cahiers du Cinéma . La película se estrenó en 2016 y logró el premio al mejor director en el Festival de Cannes de ese año.  Personal shopper puede definirse como una película de fantasmas, de espiritismo o de miedo, pero es bastante más y bastante diferente a eso. Presenta la comparación absurda entre el trabajo de la protagonista, Maureen, que es personal shopper de una celebridad, y su necesidad de desconectar de la presencia de su hermano gemelo muerto. Espiritualidad y frivolidad son, pues, los dos elementos que conectan la trama. Mientras ella recibe en su interior los mensajes de la gente que ya no está a su lado, monta en moto o en tren, recorre la ciudad o va a Londres , visita tiendas de lujo, joyerías de primera y rec

"El cuento de la criada" de Margaret Atwood

En la edición de Salamandra de esta novela de Margaret Atwood (Ottawa, 1939), con la traducción de Elsa Mateo Blanco , la autora revela los pormenores de su creación y algunas de sus intenciones últimas. También, y esto es especialmente interesante, responde a algunas preguntas que se han formulado acerca del libro desde la primera vez que vio la luz.  La novela, segunda que publica esta editorial de Atwood tras "Por último el corazón" , anticipa un mundo imaginario en el que los Estados Unidos de América dejan de ser una nación democrática para convertirse en un estado totalitario. La cuestión aún aparece más dura y paradójica si consideramos que se centra la acción en Cambridge, Massachussets , sede de la Harvard University.  En su introducción (que sigue a tres citas, Génesis, Jonathan Wift y un proverbio sufí ), la escritora canadiense aclara que tuvo dudas acerca de si sería capaz de crear el entramado del libro, respetando en todo caso las máquinas ya exist

"Yo también soy una chica lista" de Lucía Lijtmaer

En realidad siempre me ha pesado el arquetipo de feminista igual a fea. Feminista igual a desesperada. Feminista igual a loca. Lo reconozco. A estas alturas no sé qué es el feminismo , no le he dedicado tiempo y me he desenvuelto en un mundo de hombres (de eso sí soy consciente) como buenamente he podido. Ahora pienso si no me equivoqué, si no me ha faltado algo de instrucción. Los libros de autoayuda se parecen entre sí como una gota de agua a otra. Como una gota de agua mineral a otra. Son frases que nunca podríamos negar, obviedades que todos sabemos que rara vez se cumplen. Nos convierten en héroes de nuestra propia historia y la historia en general nos dice que, en el concierto de la vida, hay protagonistas y actores secundarios. Ser secundario no gusta a nadie. Pero es la verdad y hay que aceptarlo o, quizá, convertir en estelar ese pequeño papel que te ha tocado. Al fin y al cabo, es pequeño pero es tuyo. Y es el que tienes. Lucía Lijtmaer parte de los supuestos del fem

La amargura es un pájaro con las alas quebradas

Si comparto contigo lo que siento hallaré sin duda un tiempo de descanso en el estío. Me mirarás con gesto de entenderme y sabré que tú sola has llegado a la misma conclusión: de nada sirve asomarse a una puerta cerrada. Nos sentaremos al abrigo del sol, de frente hacia la brisa que inunda lo que somos y así las dos firmaremos la paz con nuestras vidas. Somos esto y ya nadie tendrá capacidad de hacernos otras. La belleza no es nada, no hace falta ser listas, tan solo conocer el efecto que causa el agua cuando transcurre lenta y cuando es un torrente.  Me contarás historias. Algunas tendrán el tibio sabor de la derrota. No aprobaré nunca esa asignatura, me dirás con gesto distendido. Porque ya no te duele saber que has suspendido aquello que buscaste y que nunca fue tuyo. Por mucho que golpee con ese llamador de estilo antiguo una puerta entornada, no habrá paso, ni hueco, no podré asomarme a contemplar el resto, solo vislumbraré una luz y esa luz será otoño casi siempre,

Los celos son cosa de mala educación

En 1923 el pintor William Henry Margetson creó esta pintura (Lady arranging flowers, 1923)  y retrató a una mujer en el acto de colocar las flores en un jarrón. Los anglosajones son muy aficionados a la jardinería. Cuidan sus jardines y les gusta llenar sus casas de flores frescas. Lo cuenta siempre en sus novelas Agatha Christie y algunos asesinatos transcurren de forma muy escueta en los exteriores. En cambio, en los libros de Jane Austen los jardines solo son el escenario de las conversaciones, el telón de fondo, el lugar en el que las personas hablan y desvelan sus intenciones. En esto de gozar del aire libre y de la belleza de las flores los habitantes de la Europa del Sur somos menos exquisitos: basta con flores de papel, de tela y, qué horror, también de plástico. Antonio Gala dejó a una novia porque encontró flores de plástico en el adorno de su casa. Intransigencia que no puede extrañarnos si uno es un personaje extremado y quiere seguir siéndolo. Sabemos, en estas tierra

"Padre"

Si todavía me escuchas donde estás quizá pueda decirte que, de nuevo, se ha cubierto de flores el almendro ese que no existía en el jardín de casa. Si mi voz es posible que te llegue a cualquier parte sería el momento de hablarte de las rosas, pequeñas rosas blancas de arriates que no tuvimos nunca cerca. Porque no eras hombre de jardines sino de tibio sudor desconsolado porque tuviste las manos abiertas al olor de las flores sin que ninguna flor te acompañara nunca quizá quieras saber  que desde que te fuiste se marcharon también los pobres árboles la cansada palmera del camino las hojas y un suelo de hormigón duro recubre el pequeño rincón que tú regaste.

A la sombra de un lazo violeta

Las tardes tenían un denso tono amarillo porque el calor se aposentaba en ellas y no se marchaba hasta bien entrada la noche. Los amaneceres sorprendían a todos en medio de un sueño tardío y sudoroso. El pueblo se aletargaba en verano y extendía su placidez como una cinta dorada al borde la carretera. Las tareas diarias, las compras, el trabajo, el vino del mediodía, todo se convertía en un ejercicio lento, demorándose los sentidos que sólo parecían despertar en la madrugada, cuando, por fin, un fino manto de transparente rocío lo cubría todo. Así, las horas se escribían con el paso cansino de los rayos del sol, que, día a día y sin descanso, presidían la vida del pueblo.  La casa poseía una gigantesca alberca, un espacio húmedo y fresco, teñido de azul, encajado en la huerta a la que daban las habitaciones de atrás. Un lugar privilegiado, único. Las habitaciones tenían una pequeña terraza, suficiente para sentarse a esperar que el cielo se cerrase, que las estrellas lanzaran

Todas las aguas

Escribí un cuento sobre una fuente que estaba en el patio de recreo de un colegio y unas niñas que cuidaban una rosa improvisada con el agua de esa fuente. En los colegios, la fuente es el lugar de encuentro, el paraíso de la conversación, el juego más inocente y más entusiasta. Los niños se acercan sudorosos a beber después de la gimnasia y antes de las clases. Y en los recreos la fuente está siempre rodeada de rostros ávidos, de manos inquietas. Cuando pensé en escribir un cuento sobre el agua no tuve duda de eso: la fuente de los recreos es el agua más deseada de todas.  Podría mirar el agua todos los días de mi vida. El agua de un río, con su discurrir plácido o aventurero. El agua del mar, cambiando de color a cada hora. El agua de un torrente, con su pizca de asombro. El agua del grifo, que te riega las manos y te salpica la ropa. El agua es la naturaleza casi en su totalidad y, si no está cerca, se cierne sobre todo un quejumbroso silencio, porque falta el runrún que ell

Juego sucio

(Firth Avenue at Twilight. 1910. Lowell Birge Harrison. Instituto of the Arts. Detroit. USA) Tenía una memoria azul y transparente. De ordinario, podía guardar en ella sabores, olores y sonidos, pero no rostros, apenas nombres, casi nunca hechos. Solo sensaciones inexplicables o difíciles de clasificar. Una memoria de lo etéreo, de lo que sobrevuela, de lo que se escapa a lo inmediato. Una memoria de la intuición, de lo que permanece con el paso del tiempo porque es una pequeña semilla que anida y se cubre de otras.  Cuando entró en aquella forma de vida que no le pertenecía sintió miedo porque era algo que se escapaba de las manos. Todo el tiempo tuvo miedo. Esa era la palabra más suya. Miedo a hacer algo mal y a hacerlo bien. Miedo a perder nada y a perderse. Ese miedo que aparecía de madrugada y que se escribía con palabras que no reconocía como suyas. Alguien había hecho brotar un punto de vista que nunca antes encontró ni hablado ni escrito. Nada de eso me importa, so

"La edad ingrata" de Henry James

Mi deuda de gratitud con Henry James  (Nueva York, 1843- Londres, 1916) es impagable. No solamente por las obras que escribió, sino por el magisterio que ejerció sobre escritores (y escritoras) que forman parte de mi universo literario. Leer a Henry James es una delicia. Y "La edad ingrata" es buen ejemplo de ello. Me gusta además cómo este hombre realiza una introducción de lo que vas a leer con una cantidad de claves literarias y lingüísticas que resultan tan interesantes como el contenido mismo. En el ejemplar que manejo (una edición de 1996 de Seix Barral-Biblioteca Breve ), la traducción es de Fernando Jadraque.  La pintura que ilustra la portada del libro merece especial atención. Es una encantadora imagen de John Singer Sargent  (Florencia, 1856-Londres, 1925), que representa a " Mrs. Fiske Warren y su hija Rachel ". Este pintor es muy conocido por parte de todos los aficionados al flamenco, pues dejó algunas muestras de esta temática que son

Mujeres solas

(Enrique Ochoa) Mi amiga se queja de la rivalidad que otras mujeres le manifiestan. Es una profesional brillante y, en su terreno, ha cosechado algunos éxitos. Nunca ninguna mujer me ofrece ninguna oportunidad de trabajo. Ese es el verdadero problema, dice, la rivalidad que sentimos y demostramos las unas por las otras. Nos ponemos la zancadilla, nos miramos de reojo. Yo misma suelo criticar a las mujeres que, por alguna razón, he considerado rivales. Y eso nos desune. Hay una carga de energía negativa que me cansa. Por el contrario, los hombres no entran en ese juego. Ellos se refuerzan unos a otros. Se apoyan. Y nosotras perdemos demasiado tiempo en odiar a las demás.  Es una tarde nubosa y con amenaza de lluvia que se aviene muy bien con el café en el que estamos, con poca gente, música inapreciable y una camarera silenciosa. Cada una de nosotras guarda preocupaciones suficientes como para acaparar la conversación, pero las dos hemos aprendido que incluso el silencio

De par en par, abierta la ventana...

(Marc Chagall) Un manojo de nubes engañosas y el aire que se coló sin verme. Eso fue lo que tuvo en vilo tantas horas sin saber que era fácil desprenderse de todo. El verde de las hojas flameaba en una tarde de esperanzas llena. En el zócalo gris de la ventana había una mariposa irreverente, cuyas alas se abrieron al compás de los ecos. Esa casa de chimenea apagada, de tejado en pizarra convertido, de pared blanca, de festones rojos, esa casa te ansía y no lo sabe. Así que el árbol se esparza sin miedo, en silencio de luz, de madrugada, así la tarde llene su silencio de una voz que yo espero y que no llega, de una voz que existía y que temblaba. 

"Lady Macbeth" de William Oldroyd.

(Anna, la criada, trenza las cintas del corsé de Katherine, a modo de símbolo de una vida resguardada) Lady Macbeth , la ópera prima del cortometrajista William Oldroyd en el mundo del gran cine, no es una apología del empoderamiento femenino, ni tampoco un relato de costumbres, ni un romance novecentista, ni tiene nada que ver con las historias de amor desgraciado de Emma Bovary , Ana Ozores o la Karenina . No. Es una película de cine negro, camuflado en un tiempo, 1865, en el que todavía no se había inventado la gabardina. Un argumento que comienza mostrando la indefensión de una muchacha, cuya familia la ha vendido (junto con una parcela que no sirve ni para alimento de vacas, según su marido) en un matrimonio desigual. Su esposo no solo es un hombre mayor, sino un hombre impotente, un presunto incapacitado sexual. La escena que arranca la película lo dice todo: noche de bodas, camisón blanco, mujer desnuda, hombre que se mete en la cama y se da la vuelta.  (La sole

"Correspondencia" Gustave Flaubert y George Sand

Las cartas que se cruzaron durante años Gustave Flaubert (1821-1880) y George Sand (1804-1876), recogidas en un volumen titulado Correspondencia. 1866-1876 por Marbot ediciones,  son un ejemplo claro de lo que nos deja como legado la correspondencia entre escritores. Opiniones sobre el mundillo literario, sobre libros y autores, pero también sobre la vida, los sentimientos y la cotidianeidad. George Sand, que se casó y divorció del Barón Dudevant y tuvo varios amantes, entre ellos Alfred de Musset y Chopin , mantuvo sin embargo con Flaubert una relación casi fraternal, en la última recta de la vida de ambos.  (Gustave Flaubert) Flaubert era un tipo raro. Misántropo, lleno de manías, aferrado a su necesidad de alcanzar la perfección como escritor. Solitario, había sufrido mucho con su enfermedad, la epilepsia, y con la muerte de sus seres más allegados, sobre todo la de su madre, a la que estaba muy unido y en cuya casa familiar de la Baja Normandía , en Croi

"Arden las redes. La poscensura y el nuevo mundo virtual" de Juan Soto Ivars

El libro comienza más atrás. En las épocas anteriores a la nuestra en las que la censura funcionaba como una máquina de picar carne. Así, el autor del libro se para en dos ejemplos, digamos, de censura clásica. Una de cada lado. Esto es una constante en el texto, tratar de buscar un equilibrio entre los unos y los otros para que nadie pueda pensar que la censura cae de un solo perfil ideológico. Todo lo contrario. Así lo afirma Ivars una y otra vez. La censura es cosa de todos , parece decir.  El ejemplo de la URSS y de la censura comunista está representado con el caso del escritor Bulgákov, cuyo estilo satírico no pasó el listón trazado por el régimen. Un régimen en el que el sentido del humor estaba proscrito. A las dictaduras en general el humor les parece una ofensa, una transgresión imperdonable. La historia tristísima de Bulgákov así lo confirma. De ahí un salto a la censura franquista . Los censores en la época de Franco eran gente individual que cogían la tij

"La mancha humana" de Philip Roth

La mayoría de los personajes que traza Philip Roth tienen algo repulsivo, difícil, complejo y que me hace detestarlos. Sin embargo, cuando comienzo a leer un libro suyo no puedo parar, siempre me lanzo y me sumerjo en la lectura y me arrastra de una manera que no tiene explicación. O sí. La escritura sin más. Lo leo y me hago siempre la misma pregunta ¿cómo es posible que escriba tan bien? Y sigo preguntándome cómo logra inventar esas tramas que se dan la vuelta a poco que lo esperes y te dejan anonadada. Roth es un escritor excepcional al que hay que perdonar que cuente cosas desagradables y que te haga pensar cosas tristes, desabridas o llenas de sentimientos negativos.  En "La mancha humana" la historia es tan paradójica, el argumento es tan funestamente irónico, que te hace reír y cabrearte a la vez. Coleman Silk es un profesor universitario, un especialista en lenguas clásicas y un hombre que ha luchado por poner en lo más alto una pequeña universidad y

El libro de la almohada de la dama Sei Shônagon

   Sei Shônagon fue dama de compañía de la emperatriz del Japón Sadako , allá por el año 1000. No se sabe cuál fue su nombre real, porque Sei Shônagon significa "Consejera menor Sei" . Pertenecía a la noble familia Kiyowara y su padre fue poeta y gobernador de una provincia. En un ambiente cultural refinado ella desarrolló su inteligencia y llegó a ser una mujer muy culta, admirada por ello. En estos años en Japón se vive la era Heian , que ocupa desde 794 hasta 1192. La sede imperial era la preciosa ciudad de Kioto , entonces llamada Heiankyo , que mantuvo esta condición hasta 1867.   El libro de la almohada o Makura no Sôshi,  no   es solamente  un texto que relata con detalle minucioso y esa elegancia propia de los orientales, todo lo que acontece en la vida de la corte, incluyendo aspectos relativos a la naturaleza, las comidas, las costumbres... Es más que eso, primero por la espontaneidad y verdad con la que está escrito, ya que su autora no pretendía hacer