Ir al contenido principal

He abrazado el alba del verano


Como si fueran noches sucesivas que no se detienen y que impiden que duermas, pobladas de desafíos y de insomnios duraderos, así los veranos ocurren y en cada uno de ellos encuentro una música que los define, una imagen que los fija en la retina. 

Aquel verano del encuentro tibio, incertidumbres ante un paisaje desconocido y nuevo. Soledad conjurada. Un vacío que era menos con tus ojos, un juego que resultó ser falso. Esas promesas que nunca se cumplieron. Telas azules que nunca se usaron. Gestos imaginados que nunca tuvieron presencia. La vaguedad. Frívolas canciones que adornan esos días y arropan esas noches. Fuiste nada en aquel verano del encuentro. 

El verano pasado con un descubrimiento. Calidez, suavidad, palabras que se cruzan. Encuentros y voces que en el aire se escribe con voluntad efímera de perdurar un día. De guardarse en el oído como sueños inconclusos. Confidencias. Todas las confidencias. Aquí estoy para verte. Estoy, soy, cómo estás. Me inquieta tu silencio. Si no hablas, temo que te hayas enfadado conmigo. Espero tu palabra como el agua de mayo, aun en julio, en agosto. Dulce verano del descubrimiento. 

Este verano del brutal vacío. Palabras que hacen daño. Incomprensibles. Huidas sin avisar. Clandestinas mentiras que atesoras y que salen sin previo aviso al aire. Duele el silencio y duele la palabra. Duelen los ojos. Duele el abandono. Nada quedó del tiempo presentido. Todo se ha despeñado por los huesos. Sin horizonte, luz, agua lunar, sin nada. De nuevo vulnerable ante los miedos, convencida de ser una voz invisible, que no tiene lugar donde esperarse quieta. Verano del adiós, quién lo sabe. Al que no sucederá, seguramente, un dulce otoño como fue el pasado. 

Título: Rimbaud
Imagen: Fragonard

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes