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Cuentos para Francine van Hove: El autobús no espera


El autobús no espera. Se ha marchado. En medio del calor de la tarde de Corpus. Gente que se pasea, gente que espera, la procesión todavía no ha salido. Mucha gente. Yo sola. El autobús se ha ido y no he bajado. No he llegado a encontrarte después de tantos días, después de tantas horas de teléfono, después de tantas cartas, después de la incesante geografía de las manos, de los ojos, del cuerpo. 

Nada. No he marchado a mirarte, ni a mirar la película contigo. Estás solo. El autobús no espera. Ya se ha ido. Y yo no. Yo sigo todavía en las calles, anclada entre la gente. No llevo mi traje de domingo, ni llevo mi sonrisa, ni llevo mis palabras, ni llevo mis deseos. No estoy, en realidad, no me he marchado. No he querido llegar hasta la plaza que tantas veces vio nuestros secretos, la plaza donde el suelo tiene el olor de pasos de quiénes no perdieron la esperanza de verse. Pero nada se ha escrito de nosotros y ya no somos nada. El autobús se marcha y te esperan mil tardes de llanto y de preguntas. Mi corazón no habla y el tuyo está perdido.  

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