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"Ayer no más" de Andrés Trapiello


Hace unos días me prometí a mí misma no comprar libros que no vaya a leer de inmediato. Porque sucede que los guardas en una de las estanterías de "libros por leer" y se te olvida. No está bien olvidarse de un libro. Como no está bien olvidarse de las personas. El olvido solo está justificado en caso de desamor. Si sobreviene el desamor, el olvido es la única palabra que cuenta. Esa y "adiós". 

Tengo que decir que para mí el mejor Trapiello es el de "Las armas y las letras" y es ahí donde he hallado los motivos para seguir su trayectoria. Este que comento ahora bien podría ser una novela, un reportaje, un documento de estudio, un texto para rellenar la inmensa estantería de "libros sobre la Guerra Civil". Se han escrito tantos que hay dentro de ese género otros sub-géneros, como este: "Memoria histórica". Casi todos nosotros podríamos escribir un libro así, o, al menos, rellenar algunos apuntes, tener algo que decir. En este caso, el asunto se plantea a partir de un hecho fortuito que ocurre en una calle de León cuando alguien reconoce a un tipo como la persona que participó en el asesinato de su padre en los primeros días de la guerra, a manos de un grupo de falangistas. 

Trapiello no toma partido o, si lo toma, como hizo en "Las armas y las letras" es por una visión alejada de las dos Españas, en la línea del propio Chaves Nogales. Ambos consideran que hubo una tercera España que sufrió la guerra y que se llevó la peor parte mientras las otras dos se enzarzaban entre sí. Esto es una novela y no un libro de historia por lo que el análisis histórico y la tesis que defiende deberían ser aspectos colaterales. 

Hay, por otra parte, un tema tangencial que se convierte en cenital si nos fijamos en sus consecuencias. Las luchas casi fratricidas en los departamentos universitarios por conseguir fondos para la investigación, hecho este loable si se mira así. Lo que no es tan lógico ni ético es que se logren utilizando la llamada "Memoria histórica" como salvoconducto, alejándola de la natural intención de los descendientes de saber lo que pasó y convirtiéndola en una caza de brujas para provecho personal. Esta situación se denuncia en el libro convenientemente, pues el hijo del empresario a quien se reconoce como miembro de la razzia, es un afamado profesor universitario que investiga, precisamente esos temas. Una vuelta de tuerca que sirve también para poner sobre la mesa la hipocresía, los intereses personales y la doble vara de medir. 

El libro se desarrolla desde distintos puntos de vista, tantos como personajes que se van convirtiendo en narradores. Esto da lugar a una miscelánea algo compleja a la hora de la lectura, pero que concuerda exactamente con la visión que quiere ofrecer el novelista. 

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