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Inocencia enamorada


Hay editoriales de las que puedes leerlo todo. Una de ellas es Libros del Asteroide. Me fío completamente de su criterio, como si fuera una amiga que es tan buena lectora que siempre te aconseja que leas algo bueno. Algo especial. Como en las bodas: algo azul, algo viejo, algo nuevo, algo prestado. Por cierto: ¿por qué en mis bodas no hubo nada de eso?

Ese "algo" es, en esta ocasión, "Un amor que destruye ciudades" la primera obra traducida al castellano de la escritora china Eileen Chang. Con esa deliciosa forma de nombrar que usan los orientales a partir de los ordinales: la primera hermana, la segunda amiga, la tercera abuela, el cuarto señor....

Eileen Chang es una más de las escritoras que llegan a mí, como si fueran palomas que vuelan solitarias y sin rumbo, para ser descubiertas y acogidas sin remedio. Voces de mujeres que escribieron, algunas silenciadas, otras olvidadas, las más, tenuemente obviadas del mundo masculino de los best.

Podía contarte cosas que hallarás al leerla y otras que no pueden expresarse porque forman parte del gran secreto de  la literatura. Esa desazón, ese nerviosismo, esa íntima soledad del hallazgo. 

Y el tono delicado, de casi porcelana, con la que se describen los espacios, los entornos, las horas, los tiempos, los sitios, las gentes. Delicadeza. Esa es la palabra. Pero sin cursilería, más bien con una rotunda y definitiva convicción. En la publicidad de la editorial sobre el libro hay una frase de la autora que no puedes pasar por alto, porque supone una declaración de intenciones: "...cuando las personas se enamoran son más inocentes y están más desamparadas que cuando luchan en guerras y revoluciones". 

Creo en esa inocencia del amor. En esa hipersensibilidad que te produce el enamoramiento, según la cual eres capaz de percibir todo lo que ocurre a tu alrededor, con los sentidos agudizados y una predisposición diferente a captar el universo. Estás tan segura de que ese es el estado en el que quieres mostrarte que no puedes perderte nada. Aspiras el día y la noche. Nada es baladí para el enamorado y no es cierto, al menos no lo creo, que sobrevueles la vida como si todo se ocultara tras la persona amada. Antes, al contrario, todo se trasluce en ella, todo se filtra.

En el caso de esta novela corta de Eileen Chang (oh, las nouvelle, qué hallazgo, qué perfecta relación entre calidad y cantidad suele existir en ellas) hay un conflicto inherente al amor. Pero, quién diría que existe amor sin conflicto, al menos de entrada. El amor es un conflicto en sí mismo, una situación propicia para confusiones y fábulas. Fan Liuyuan, el rico heredero que busca esposa, no se enamorará de aquella que le está predestinada, sino de su hermana, bella y divorciada, que debe huir por eso mismo de su familia en Shanghai e instalarse en Hong Kong. Una proscrita, como la hermosa Ellen Olenska que dibujó la Wharton en su "La edad de la inocencia". Aunque...a quién le importaría ser apartada de la vida si tienes la vida contigo...

Inocencia. Esa es la palabra. Una ingenua inocencia enamorada. 

Extraordinaria es también la vida de la autora. Pertenecía a una familia de la clase alta de Shanghai, dentro de un matrimonio desigual entre una mujer educada a la europea y un hombre muy tradicional. Tras el divorcio, quedó con su padre, que la maltrató durante años. Se hizo muy popular en su país publicando novelas cortas y cuentos pero tuvo que huir en 1955 a los Estados Unidos, por motivos políticos, con la llegada de los comunistas al poder. Nunca más volvió a China. Murió en Estados Unidos en 1995. 

"Un amor que destruye ciudades" de Eileen Chang. Traducción de Anne-Helene Suárez y Qu Xianghoeng. Editorial Libros del Asteroide. Junio de 2016. El volumen incluye también el relato "Bloqueados". 

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