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Mostrando entradas de mayo, 2016

"Persuasión" de Jane Austen

Persuasión, cuyo título original fue The Elliots, fue escrito entre 1816 y 1817. En marzo de este último año ya estaba listo para ser publicado. Un mes antes, en febrero, había recibido del editor Murray el importe de las ganancias de Emma, descontadas las pérdidas de Mansfield Park. Ascendían exactamente a 38 libras y 18 chelines. Eso le hizo decir a la autora: "Las mujeres solteras tienen una espantosa proclividad a ser pobres".  Persuasión es una de sus obras menos conocidas, pero contiene hallazgos admirables. En primer lugar, el propio perfil de la heroína, no una jovencita, sino una mujer hecha y derecha que, además, ha perdido el tren de la felicidad ocho años antes y lucha por volver a encontrarlo. Ann Elliot es, junto a Marianne Dashwood, la única mujer "romántica" que aparece en las novelas de Austen. Ambas aman la poesía, ambas disfrutan con la naturaleza a la que consideran el centro del mundo y las dos tienen sus miras puestas en un amor imposi

"Una cena en casa de los Timmins" de William M. Thackeray

Si la curiosidad os lleva a rebuscar por ahí en la biografía del autor de este libro coincidiréis conmigo en que fue una vida de novela. Corta pero plena de atractivos, colmada de peripecias a cual más extraña, incluso rocambolesca.  Quizá por eso su personalidad era periférica, poliédrica, divertida, exótica y ditirámbica. Un observador de las realidades desde ese punto de vista casi cómico que te hace sonreír y aun reír, pero que, al fin y al cabo, representa como en un espejo las virtudes y defectos que la humanidad arrastra desde siempre, las componendas, los achaques, las burdas patrañas, las exageraciones... ¿Quién de nosotros no se ha metido en la ingente y difícil tarea de organizar un evento en casa? Una cena, por ejemplo. Miles de detalles que se escapan, intendencia, menú, sillas para sentarse, espacios para fumar, atenciones para todos... Eso es lo que hace en este delicioso libro (hummm, delicioso, esa es la palabra, comestible, infinitamente dulce, dulce,

"El impacto de lo viejo"

Puede parecernos que los tiempos han cambiado tanto que las manifestaciones artísticas son la cruz de aquellas que pueblan la historia del arte. Puede parecernos que los temas, los modelos, las técnicas, los formatos, han modificado de tal manera su esencia que nada de lo que ahora se trabaja en los talleres de los artistas tiene parangón con el pasado. Puede parecernos, incluso, que los lenguajes son diferentes, simplemente porque podemos echar mano del iPad, del móvil o de la televisión por cable. Fuera de Silicon Valley la vida continúa poco a poco, sin ese estruendoso girar de las horas que convierte los minutos en revoluciones constatables. El Big Data, las telecomunicaciones, la web 3.0., la hiperconectividad, los paraísos virtuales, las redes sociales, todo ello es el signo de los tiempos, la muestra clara de que los siglos generan contradicciones, iconos y un muestrario imposible de evitar en el que nuestra vida se muestra hasta en su mínima esencia.  Pero, si ahondas

"El misterioso caso de Styles" de Agatha Christie

¿Quién mató a la señora Inglethorp? Esta es la circunstancia que precisa ser aclarada y que constituye el argumento principal del libro. Para contar la historia, la primera de una larguísima serie de ellas, Christie recurre al capitán Hastings, licenciado de la guerra y amigo de un peculiar detective belga (no francés, cuidado con confundirse), llamado Hercule Poirot . El señor Poirot es delgado, de mediana estatura y luce un poblado y cuidado mostacho, que bien le hubiera merecido la pena cultivar si fuera soldado. Hastings es un hombre enamoradizo, ingenuo y que se deja llevar por sus impresiones inmediatas, lo que se contrapone a la forma de pensar de Poirot, que elabora concienzudamente sus predicciones acerca de lo que ha sucedido en realidad con cada uno de los crímenes que resuelve.  Hastings y Poirot son, pues, los introductores de la historia, aunque será el primero el narrador y el segundo el investigador. Ambas visiones resultan contrapuestas y, a veces, diver

Tristesse

Porque sé que la tristeza mata procuro desprenderla cuando aparece y deshojar las pesadillas antes de que se cumplan y descalzarme de sueños no cumplidos. Esa tristeza es una hoja afilada una especie de laberinto inconcluso que describe esos momentos en los que nada cubre que convierte las horas en un ruido perpetuo.  En mí con la tristeza escribo cada día nada me importa si sé que es imposible ahogarla entre las lágrimas, vencerla entre los lirios y por ti solamente viviría claridades.

"La abadía de Northanger" de Jane Austen

(Catherine Morland, en la versión de "La abadía de Northanger" de 2007) La abadía de Northanger se publicó en diciembre de 1817, cinco meses después de la muerte de Jane Austen. Sin embargo había sido la primera novela totalmente terminada y lista para salir a la luz, incluso antes que Sentido y Sensibilidad y que Orgullo y Prejuicio. El desdén de los editores fue la causa de este retraso considerable. Su título original era "Catherine", que es el nombre de la protagonista, pero Cassandra Austen, la hermana de Jane, de acuerdo con su hermano Henry, decidió cambiarlo. Hizo lo mismo con el otro título que había quedado sin publicar a su muerte y que se lanzó en la misma fecha, esto es, Persuasión, que había sido denominado al principio "The Elliots". Ambos fueron publicados por el editor Murray.  El Edinburgh Magazine  criticó los libros favorablemente y estos se vendieron bien. En este tiempo, 1818, el editor Egerton había reeditado por tercera

La verdad sobre el caso Joël Dicker

Si hay algo que me gustaría hacer en la Feria del Libro de Madrid que comienza mañana, ese algo es conocer, en persona, de verdad, a Joël Dicker. Y agradecerle, de paso, que escribiera La verdad sobre el caso Harry Quebert.  No voy a contaros ahora de qué trata el libro. Seguramente lo habéis leído la mayoría. Fue uno de los libros más vendidos y leídos en 2013. No siempre coinciden ambas cuestiones. En demasiadas circunstancias los libros se venden y se compran, pero no se leen. En el caso de La verdad sobre el caso Harry Quebert apostaría que no es así, que los lectores fueron legión, todavía lo son.  No recuerdo la fecha exacta en la que lo leí, pero sí dónde estaba y qué hacía allí. El lugar, una clínica en la que mi marido estaba viviendo su última semana de vida. Yo entonces no lo sabía, él tampoco. Solamente el médico, el internista, lo tuvo claro. Sus palabras "es cuestión de tiempo", fueron misteriosas, pero ese misterio duró poco, menos de una semana. D

El talismán

Porque tú me lo diste y yo lo guardo (es un secreto a voces que te quiero) y por eso tus cosas son el modo en que te tengo cerca; que no esperaba rosas ya lo sabes ese objeto que nadie elegiría algo inservible salvo para ti el tipo de recuerdo que no se borra nunca. Un pergamino contendría palabras; un libro, quizá versos; esto de ahora no sé cómo llamarlo pero lo tengo al lado todo el tiempo continuamente así  contándome despacio que existes que tú eres, que estás, que no puedo escucharte cuando quiero ni hablarte ni escribirte ni pensarte pero eres, estás, existes. Es un objeto fácil, muy barato, muy simple,  una nimiedad, la tontería que no puede faltar en un encuentro sin pasión y sin sexo. Está conmigo y es tuyo, aún lo es,  lo contrario que tú,  que existes, que no estás, que no eres de mí,  es un secreto a voces que te quiero  es un querer baldío, que no pesa ni cuenta ni se adorna con flores.  Tampoco olvidas tú la primavera

Rizos y un mapa de España

(Fotograma de "Sentido y Sensibilidad" de Ang Lee)  Es la música, en primer lugar, lo que hace de esta versión de Ang Lee del libro de Jane Austen "Sentido y Sensibilidad" una pequeña maravilla. Un tributo eficaz, diáfano, exacto, al genio de la escritora, a su creación de personajes y ambientes, a su estilo, a su ingenio e inteligencia. La música crea el tono especial que la distingue y, entre todos los libros de Austen, en los que la música siempre tiene un importante papel, es aquí donde expresa el dolor y la alegría con mayor lucidez. Lo mismo ocurre con los versos, las palabras, los poemas que se recitan, el consuelo de la lírica en los momentos difíciles. Shakespeare y sus sonetos que invitan al amor, aunque sea, como sabes, un amor aureolado de triste cobardía.  Entre todas las imágenes hay una evocadora, imposible de pasar por alto, una imagen en la que me detengo y en la que observo cosas que quizá otros no ven. Al fin nuestros ojos siempre vue

No queda amanecer

Podría decirte que eres un canalla. Un desaprensivo. Que me has tomado por una puta. Alguien que se vende por placer. Y que me merezco por eso el consiguiente castigo: esperar. Esperarte. Que mi vida de mujer casada razonablemente feliz se ha venido a pique porque soy una persona insatisfecha y tú solamente has jugado un papel secundario. El de alguien que me ofrece lo que nunca he tenido. Placer. Podrás decirme que fue bonito mientras duró y que nada tiene demasiada importancia, que no se puede ser tan intensa, ni tan romántica, ni tan sentimental. Que, al fin y al cabo, la vida son dos días y hay que vivirlos a tope. Podríamos intercambiar estas frases si tú no hubieras desaparecido, si supiera donde encontrarte, dónde estás y cómo te llamas. No tienes nombre ni dirección ni biografía. Y yo soy una mujer a la espera.  No se puede vivir esperando. No se debe esperar nada de alguien que te confiesa el primer día sus intenciones. El único día. No soy una mujer fácil, ni una aventur

Aliviarás mis sombras

Habrá un amanecer de sábanas revueltas, de olor a café fuerte en la cocina. Un aire clandestino cruzará nuestro cuarto y sabremos que el fuego se enciende sin permiso. Te asomarás desnudo a la ventana y en tu espalda escribiré la historia de un tiempo inesperado que se ha clavado lento entre mis ojos. El arco de tus brazos será sombra y aliviará una lágrima que no supo perderse. Y no habrá más miradas oscuras, sino ese batallón de claridades que precede a la lucha de los cuerpos. Y no habrá hielo, paréntesis de nieve o frío silencio cósmico, sino el anuncio de ese ardor en la sangre que despierta sin tregua. Así tendremos, en el hoy sumergidos, un motivo constante para no odiar los sueños y abriremos por fin el recipiente en que guardamos intacta la esperanza. Pronunciaré tu nombre sin olvidar sus letras, sin olvidar su eco, el nombre del amor que ahora me callo. Pronunciaré sus sílabas como si recitara una oración tan vieja como viejo es el hombre. Pronunciaré esa frase que

Ninguna mirada

(Jesús Helguera. Fotografía para almanaques) De ordinario sobrevuelas mis ojos. Nunca observas en ellos si hay alegría o desdicha. Miras hacia lo alto, recalas en lo lejos, pero nunca hay, amor, espacio para verme. No sé si esto es porque soy invisible o porque tú, en una rara muestra de desidia, desengaño o desgana, no tienes forma de mirar lo esencial, de ver la vida. Es así, sin embargo. Y, a veces, frente a frente, notarás que desvío la mirada, notarás que me voy, que dejo el espacio común en el que estamos y huyo hacia otras soledades, otros tiempos, otras cicatrices. Notarás que no quiero mirarte, ni verte entero, amor, porque si así lo hiciera moriría en el intento. 

"La vida resguardada" de Ellen Glasgow

Tengo un amigo al que le gusta despegar con las uñas las etiquetas adhesivas de los objetos, esas en las que viene el precio y el código de barras. Encuentra un raro placer en levantarlas por una de las esquinas y hacer que, enteras, se separen definitivamente. Yo acabo de quitarle la etiqueta  de la contraportada a este libro, a pesar de que no es una compra reciente sino del año 2008. Concretamente y como reza en la primera página, lo compré el día 22 de diciembre de ese año en la Casa del Libro de Madrid. Recuerdo bien ese viaje. Habíamos llegado en el AVE y parábamos en un hotel de esos con encanto en la calle Serrano. La calle estaba en obras, ahora lo pienso. El barrio de Salamanca era, para mí, el oasis del bienestar. Sus tiendas de marca, su ambiente, sus restaurantes. El clima era excepcionalmente bueno para tratarse de la Navidad. Y nosotros estábamos muy felices porque allí todo presagiaba momentos llenos de entretenimiento y de diversión. Y así fueron sin duda.  El

"Diarios" de Iñaki Uriarte

Una de esas extrañas perlas que se encuentran a veces en las redes sociales, en forma de amigo, me puso en el camino de Iñaki Uriarte y sus Diarios. La forma en la que una descubre los libros es harto compleja. Tienen tantas maneras de aparecerse que podría escribirse un opúsculo sobre eso, un texto breve y entrañable en la que se contara de qué manera llega a tu vida un libro o un autor. Es casi tan emocionante que relatar el encuentro con esa persona especial a la que quieres sin remedio. A la causa entera de tu perdición.  Pero, sigamos. Mi amigo me contó sus impresiones y yo compré los libros, los leí y los coloqué en esa zona cercana en la que están los textos a los que de vez en cuando acudes. Son libros nunca terminados, referencias, motivos.  Ahora, repasando Internet, he visto que ha salido el tercer volumen y yo me he quedado atrás a la hora de comprarlo, seguramente porque mi amigo, el recomendador, se ha enamorado y no frecuenta nuestra salita de estar del Twitte

"El mundo deslumbrante" de Siri Hustvedt

Siri Hustvedt es la mujer de Paul Auster. Y eso es una pesada carga literaria. Muchas personas, lectoras de Auster, se extraña de que exista Siri, de que escriba y de que lo haga tan bien. En cierto sentido son dos escritores extremadamente opuestos. Auster estructura su obra en torno a un mismo ritmo, una melodía repetida que cambia en los matices. Siri indaga por caminos inesperados, abriendo su escritura a posibilidades remotas. Este no es un libro al uso, hay que decirlo. Una novela con estructura compleja en la que aparecen entrevistas, diarios, textos, que van ayudándonos a conocer a la protagonista, Harriet Burden, una mujer extraña. Era la esposa de un poderoso marchante de arte de Nueva York en los años ochenta, cuando ya la ciudad se había convertido en el centro mundial de las expresiones artísticas, desplazando así a la antigua Roma, o a París, por citar dos de las ciudades emblemáticas. El machismo imperante en aquel momento (¿quieres decir que ya no existe?) relegó

"Los niños se aburren los domingos" Jean Stafford

Ese caudaloso río cuyas aguas recogen el gran número de escritoras a las que voy descubriendo de todas las maneras posibles en los últimos años, se ensancha hoy con Jean Stafford, de quien reseño "Los niños se aburren los domingos", feliz título, delicioso, que evoca también los momentos finales del fin de semana, cuando todo anuncia la llegada del lunes y el advenimiento de la obligación contra la devoción. Esos domingos raídos de sueños.  Cuando intentas averiguar algo más de la autora te encuentras con que en España es una desconocida y no hay noticias de ella en Internet, salvo en otros idiomas. Así que tienes que hacer una labor de rastreo para conocer su peripecia vital y así ayudarte a entender el sentido de estos relatos (13) que la editorial Sajalín ha seleccionado y publicado por primera vez en castellano. Tantas otras veces en la literatura las voces que se oyen no son las que más sentido tienen, ni las mejores. Simplemente el silencio cubre talentos que nun

Va y viene de la rosa a la salina

Yo era una niña móvil, cambiante, caleidoscópica. Aún lo soy. No una niña, desde luego. Pero sí soy móvil, cambiante y caleidoscópica. Días y días. Días de todos los colores. Azules, trágicos; naranjas y amarillos, luminosos; verdes, esperanzados; grises, anodinos; negros, terribles; blancos, desconcertantes; violetas, geniales…Luego están los días contigo dentro. Esos son dorados, tibios, cálidos, del color de una sinfonía o de una obra de arte bien terminada. Los días contigo no deberían terminarse nunca, pero pasan con insólita rapidez, porque son días que solo contienen una o dos horas a lo sumo.  Esa niña tan dispersa en intenciones y tan llena de preguntas tenía la costumbre de demorarse y otra aún peor. Andaba hacia atrás. Mi madre caminaba delante de mí y esperaba que llegara a su altura. Pero yo nunca lo hacía. Reclamaba una y otra vez que fuera ella la que se detuviera, la que cambiara el paso. Mi madre no se sentía en la obligación de ayudarme a resolver el eterno e

"Un hombre astuto" de Robertson Davies

Quedé fascinada por Robertson Davies cuando leí "Levadura de malicia", libro del que debo haber escrito algo en este blog. Davies tiene una de esas maneras de escritor que me atrapan. Las palabras se suceden unas a otras en cascada, no solamente con una expresión correctísima sino con una secuencia lógica y de aplastante veracidad. Parece que cuenta hechos que ha vivido y contrastado, sucesos de la vida real, encuentros cotidianos, vida al fin y al cabo. Davies es canadiense y, además de actor fue escritor y productor de obras de teatro, periodista y autor de una columna humorística con el pseudónimo de Samuel Marchbanks. Sus once novelas están organizadas en forma de trilogías. La Trilogía Salterton comprende "A merced de la tempestad" de 1951, "Levadura de malicia" de 1954, "Una mezcla de flaquezas" de 1958. Por su parte, la Trilogía Deptford contiene "El quinto en discordia" de 1970, "Mantícora" de 1972 y "El mu

"Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado" de Maya Angelou

Hay libros que solo se entienden si ves delante de ti, como un caleidoscopio abierto al sol, la figura de su autor. De su autora, en este caso, Maya Angelou, de nombre real Marguerite Annie Johnson (Saint Louis, 1928-Winston Salem, 2014). Alguien que fue poeta, narradora, bailarina, actriz y cantante. Que vivió una larga vida, llena de circunstancias adversas y también de momentos geniales. Alguien para quien la existencia no fue un mero trámite, sino una aventura.  En su obra literaria destacan siete autobiografías, tres libros de ensayo, otros cuantos de poesía...Tuvo muchos premios, un gran reconocimiento y títulos honorarios de todo signo. Fue recompensada en vida por su trayectoria y su esfuerzo. Pero, sobre todo, por su convicción. Lejos de avergonzarse de lo que fue y lo que hizo, convirtió su vida en objeto literario, elevó a la belleza de las palabras lo que, en realidad, escaseaba en delicadeza y en vigor.  "Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado" es el

Tiempo de sonetos

Tengo en las manos una preciosa edición de los Sonetos de Shakespeare, una edición bilingüe del Instituto Shakespeare, preparada por Jenaro Talens y Richard Waswo. La Introducción y las notas corren a cargo del propio Richard Wasco con la versión castellana de Manuel Talens y la traducción de los Sonetos es de Jenaro Talens. Lo ha publicado la editorial Cátedra, con motivo de la conmemoración, en 2014, del 450 aniversario del nacimiento del escritor, que nació en 1564 y murió en 1616 con 52 años de edad. Aunque estoy acostumbrada a manejar libros y a escribir de libros, este me sobrecoge. Todo Shakespeare me parece una cumbre inabordable en su comprensión y difícilmente asumible parcialmente. Ha de conocerse entero y cuanto más, mejor.  Resulta por eso muy adecuada la Introducción que la obra contiene. La lectura de la misma arroja luz incesante acerca de la forma en la que Shakespeare componía sus sonetos, así como sobre su publicación, en la que no estuvo la mano del escri

"La hoguera de las vanidades" de Tom Wolfe

Hay libros que se te resisten. Con ellos no hay amor a primera vista, ni flechazo, ni entendimiento. Los abres y los dejas. Vuelves a acercarte a ellos y te rechazan. Los buscas y no quieren que los halles. También ocurre con las personas, pero, en este caso, no hay solución. Las personas no pueden conquistarse, ni cambiarse, ni engañarse. Pero con los libros puede uno tener paciencia. Esperar tranquilamente a que el viento cambie. Ahora sur, ahora oeste. Esperar y volver a la carga. Tener esa actitud voluntariosa de los estudiantes cuando una asignatura se les atraviesa. Nunca he sido una estudiante voluntariosa y por eso en esta ocasión "La hoguera de las vanidades" ha sido un reto para mí. Un reto que he logrado vencer. Y por eso, desde ahora, será uno de "mis libros".  Esa vertiginosa sensación de que estás entrando en un mundo que no controlas, que tiene sus propias reglas y que tú no las conoces. Esos adjetivos malsonantes. Esos personajes atrabilia

"La librería encantada" de Christopher Morley

"La librería encantada" es la segunda entrega de las aventuras de Roger y Helen. La primera aparece en el encantador "La librería ambulante". Ambos títulos son definitorios de su contenido pero, para disfrutar de ellos, hay que zambullirse de plano en sus pormenores. En el primero de ellos nos encontramos al librero Roger Mifflin que decide vender su librería con ruedas, su yegua y su perro a la inquieta Helen McGill, cansada de una vida rutinaria que pretende cambiar de un plumazo. Ahora, en este segundo tomo, algunas cosas han cambiado, aunque no el espíritu romántico y cotidiano con el que se mira a los libros y a la lectura.  La Librería Encantada está en Brooklyn y ha terminado así el periplo viajero de ambos con sus libros a cuestas. Un sueño se ha cumplido, el sueño de tener, en ese espacio precisamente, en ese barrio multicolor y cosmopolita, un sitio donde los libros reinen. Y con ellos, la ilusión y la imaginación plenas. Esas recomendaciones atin

Tardes de copla y trajín

(George Owen Wynne Apperley. Pintura) Entre versos del poeta de Orihuela, letras de cantautores, cine clásico, emergía la copla. Historias desgarradas que, en su voz de caramelo, parecían más livianas, más leves y sencillas. Mujeres imposibles, romances engañosos, vida petrificada en una emoción única, sueños incumplidos, quereres, entrañas, hijos desesperados, voces junto a las cunas, hombres terribles, mentiras, la copla.  Las tardes tenían el suave movimiento de un trajín acompasado que carecía ya de la rapidez de la mañana y se tendía sobre la hora de la siesta y sobre el atardecer como si esperara el arrullo de las olas. Las voces tenían un toque de tragedia a veces. Quién no ansiaba un amor como aquellos que rondaba los oídos de las niñas. Ellas eran las espectadores indecisas de un paraíso anunciado en el que habría galantes caballeros y esperanzas correspondidas. La copla.  Así esa mujer de blanca piel, ojos oscuros y manos llenas de veladas primaveras, desgrana

"El manantial" de Catherine Chanter

Siempre saludo con alegría el nacimiento de un nuevo escritor. En este caso, este es el primer libro de Catherine Chanter (West Country, Inglaterra, 1959) que, antes de esta novela, solo había escrito guiones. La crítica ha considerado que se trata de un libro adictivo, sorprendente y que entusiasma. La trama tiene tanto de indagación psicológica como de misterio o suspense. Es un híbrido, como ocurre con tanta literatura, difícil de encasillar pero que resulta interesante de leer, que distrae, entretiene y engancha.  Un aire de utopía lo cruza. Los protagonistas, la pareja formada por Mark y Ruth Ardingly , así como su pequeño nieto Lucien , llevan a cabo un éxodo anunciado por los profetas del cambio climático y abandonan Londres para instalarse en un paraje aparentemente idílico y lleno de promesas de bienestar. El lugar elegido está presidido por una fuente innegable de vida, un manantial, que da título a la obra y que representa el logro de las aspiraciones de esta par