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Mostrando entradas de abril, 2016

Te escribiría con música

(Mujer sola. Camilla Akrans. 2010) A veces no te escribo. Te canto. Revolotea el sonido de una canción y la atrapo sin pensarlo. Como si en ella estuviera reflejado todo. Es así. Sencillamente así. Un vuelco en el corazón cuando el estribillo repite sin cesar la frase que diría si es que pudiera. Sin ti no puedo vivir. Entre tú y yo, la soledad. Dime que no es verdad. Y sin embargo, te quiero.  A veces no te escribo. Esbozo en voz baja el esqueleto firme de una canción cualquiera, amanecida de repente en mi cabeza, sin orden, ni concierto, como si un pájaro anidara en ella y, sin previo aviso, decidiera soltar sus alas y volar a cualquier sitio. En el recodo de las tardes más oscuras, la música enhebra el argumentario de la vida. Es la música la que explica la existencia toda. En esos momento únicos no escribo, sino canto. Te canto siempre a ti. Tú, en el fondo de las cosas.  Tendría que contarte y cantarte tanto que no sería posible hallar el tiempo suficiente para ell

La palabra imposible

( Lee Miller. Fotografía) Una frase bailaba todo el tiempo en la cabeza: Cuando te veo, te echo tanto de menos...Y así era. Podía soportar la ausencia si no lo tenía cerca. Pero, en esas raras veces, extraordinarias, únicas, en las que lo veía, entonces no podía dejar de añorarlo desde el primer instante. Por eso, apenas lo miraba. Sabía que esa mirada sería su perdición. Sabía que, si guardaba en su retina la forma de sus manos, el hueco de su risa, la llama de sus ojos, la catástrofe sería irremediable. Por eso, apenas detenía en él su mirada. Por eso reía continuamente, de una forma nerviosa, irreverente y tibia. Como ella misma era. Extraña para muchos. Distinta. Conservando un hilo de inocencia que nadie percibía. Ni él siquiera.  Un pensamiento estaba en su cabeza y de ahí no se movía: Podría decirte tantas cosas. Y he de callarme tanto. Estaba segura de que las palabras nunca hallarían el camino de salida. Estaba segura de que ninguna circunstancia haría posible el

"La modista de Dover Street" de Mary Chamberlain

Los libros con modistas son encantadores. Hay algunos de ellos circulando por ahí que son prueba de lo que digo. En general, el mundo de la costura es sugestivo, lleno de posibilidades, no solo literarias sino humanas. Quizá sean lo mismo en el fondo. Hace poco hablaba de "La modista" de Rosalie Ham, convertida también en una película de éxito y de aceptable factura protagonizada por la siempre interesante Kate Winslett. Antes de eso, el enorme suceso que supuso "El tiempo entre costuras" de María Dueñas, puso de actualidad, al menos en España, las tramas narrativas en torno a los talleres de costura, bien es verdad que con un trasfondo histórico importante. Recordadme, hablando de esto, que un día reflexione sobre lo que gusta en nuestro país la novela histórica o construidas al menos sobre un telón histórico importante. Para Rosalie Ham su modista tenía que cumplir una misión y resarcirse del pasado. Para María Dueñas, Sira Quiroga o su alter ego Agoriuq Aris

"El cine según Hitchcock" de François Truffaut

El cine por dentro, el cine desde dentro. Descorrer la cortinilla negra que oculta el rodaje, los trucos del montaje, la selección de los actores y las historias, todo aquello que existe en la fábrica de las ilusiones y que no ves a simple vista. Los magos del cine se guardan en la chistera muchas palomas y muchos conejos, no todos ellos blancos, como los que tomaban el té con la reina de Alicia. Un director de cine francés entrevista a un director de cine inglés que hace de americano, que convierte al cine americano de suspense en "el cine".  Este libro forma parte de la edición conmemorativa de los cincuenta años de Alianza Editorial, efemérides que todos los lectores deberíamos celebrar ampliamente. Los libros de Alianza nos han parecido sólidos, bien dispuestos, magníficamente traducidos en su mayoría y diversos, con esa diversidad que va de un extremo a otro del universo literario.  Las cosas de Hitchcock, que aquí aparecen reflejadas a modo de conversación fl

En otro orden de rosas...

(Emile Vernon. Pintura) El olor de las rosas te salpica. Ha llegado de nuevo, de improviso, de fiesta, desde lejos, a través del milagro de la técnica. Las rosas han convertido en un invernadero todo el lugar que habitas. Allí, sobre las aguas transparentes de un jarrón francés y de cristal, se posan quietas, sin llamar la atención pero lanzando rayos con su tono rosado y sus hojas tan verdes. Las rosas hoy se llenan de sentido, anuncian la efemérides, saludan el momento en que viste la luz, en que un hombre y una mujer callados, a la espera de verte, se miraron por fin con la mirada cómplice de quien sabe que existes y que eres. El calor de sus besos se mezcla con las rosas todavía. Existen porque sientes. 

Pero no serás tú

(Mujer. Diego Rivera)  Habrá un amanecer de sábanas revueltas, de olor a café fuerte en la cocina. Un aire clandestino cruzará el cuarto y sabremos que el amor ha regresado. Se asomará desnudo a la ventana y en su espalda escribiré la historia de un tiempo inesperado que se ha clavado a fuego entre mis ojos. Y no habrá más miradas oscuras, sino ese batallón de claridades que precede a la lucha de los cuerpos y que la continúa sin tregua. Estaremos seguros de las cosas, tanto como en el mundo esto es posible. Y aunque el miedo a la muerte seguirá estando al lado, parecerá más tenue, más ligero, más perdido en el tiempo, menos vivo.  Pero no serás tú....

"La presa" de Iréne Némirovsky

Me reconozco lectora de Némirovsky desde que leí, hace ya algún tiempo, ese librito tan lleno de resabios autobiográficos y adolescentes: "El baile". Después leí "David Golder" y "Suite Francesa", los tres libros iniciales de la bibliografía de la autora. De los tres, sigue siendo "El baile" el que plasma mejor esa sensación de inevitabilidad que la define. Es como si la tormenta estuviera a punto de descargar a pesar de que amanece un día radiante. Como si hubiera una amenaza latente, algo por venir que fuera oscuro y dramático.  Después de estos libros la editorial Salamandra ha hecho una enorme difusión de todos los demás que van apareciendo y llenando la estantería Némirovsky . Entre ellos, "El ardor de la sangre" y "El malentendido" ocupan para mí un lugar de honor. Seguramente porque expresan esa sensación trágica de que algo está a punto de pasar y porque no se hace ilusiones acerca de la naturaleza hu

Ella se ha equivocado

(The good live. Mike Savad. Fotografía) Una vez ella tuvo la certeza de que había hablado de más. Tenía uno de esos momentos de tristeza incierta que cuesta trabajo definir y cometió el error de comentarlo. Deberías saber que es el silencio lo que importa en esos casos- le dije cuando tuve ocasión. Pero ella no había aprendido aún que callarse es un valor porque el consuelo no llega de quien quieres, sino de quien puede o sabe.  En el fondo- advertí- no existe sino el lento transcurrir de las horas, el paso cotidiano de los días, como forma de encontrar un pequeño descanso, una tregua, a la vida agitada, a estos tiempos convulsos en los que todo se va en encontrar porqués que nunca existen. Pero ella se empeñaba en creer que las palabras tejen un paraguas de bondad en torno a las cosas. Así, las usa demasiado y en demasiadas ocasiones, yerra.  Contemplando la vida paso a paso está cuando percibe que el transcurrir del tiempo tiene que ver con la suma de un instante de

Un secreto

(Fotografía de Jesús Vela Ortega. Lisboa)  Aunque no te lo he dicho, he atravesado mares para volver a verte. He recorrido espacios que antes desconocía. He grabado mi tenso caminar en muchas olas. Y, en todos los puertos, al abrigo de tantas sensaciones, he podido escribir la frase exacta, la que explica las cosas que no cuento, la que dice por ti lo que no he dicho. Te quiero, es la verdad que está grabada a fuego en mis amaneceres, cuando la luna apenas se ha escondido y yo quiero encontrarte pese a todo. La bruma de la tarde recrudece el deseo y al llegar en la noche la oscuridad perenne yo presiento que, al fin, sobre todas las cosas, este tiempo de ahora tendrá final un día.  Dorado corazón inmerso en hojas de firmes primaveras presentidas. 

Si hablamos de Shakespeare...

(Fotograma de la película "Shakespeare in love", John Madden, 1998) Lo he contado alguna vez. Era tan pequeña cuando oí hablar de Shakespeare, que, cuando algo después leí el primer libro suyo, la primera de las obras de teatro que conocí directamente de las que escribió, pensé que había dos personas distintas. Uno era Chespir y el otro era Sakesper. Qué delicioso error...Me resulta una confusión encantadora, derivada de que no sabía inglés y de que aún no había cumplido diez años. Una niña de piernas largas y risa pronta que se sentaba en el suelo de la azotea, orientada al levante, para recibir el oceánico regalo de la brisa de las tardes de verano, enmedio de libros y de cuadernos por escribir... No podría explicar por qué, desde entonces, me resulta mucho más familiar la peripecia del Bardo, sus textos, sus personajes, que el eminentemente hispano de Cervantes y su hijo, El Quijote. O quizá sí, quizá haya una explicación que debiera convencernos. La forma en la

Esos días azules...

(Fotografía de Jesús Vela Ortega) Lo recuerdas ¿verdad? Podía ser una tarde de caluroso agosto o una mañana de septiembre, cuando aún las obligaciones escolares estaban a una distancia prudente. Incluso un atardecer del indeciso junio, cambiante y duradero a partes iguales. Momentos que hoy reescribes con el fuego de la distancia, con el ardor del tiempo transcurrido, con la seguridad de que estuviste a punto de perderlo todo pero que, en el último instante, algo rescató tu memoria, seguramente porque no podía ocultarse en ella tanta dicha.  Así, los pies descalzos encontraban la dureza del agua, la firme convicción de la piedra, el desahogo de las voces que se elevaban a un aire incombustible. En la lejanía, engañosamente perdidas en una bruma que ahora no comprendes, estaban los sonidos de la vida diaria, el eco de los sueños, el resplandor de lo que poseías en esos años. Todo era bello con esa belleza ingenua de la primera juventud, de la adolescencia presentida. Todo s

Cervantes, contemporáneo

La conmemoración del 400 aniversario de la muerte de Cervantes puede que haya concitado el interés de los expertos, el público concienciado o los productores culturales, pero es bien cierto que, salvo excepciones, no cala en el público joven ni en la población escolar. El motivo por el cual este país desdeña a sus hijos de una forma tan abrupta, es un secreto que no conozco.  Pero la realidad es esa: en cualquier otro país del mundo ser la patria de Cervantes constituiría un motivo de orgullo y todos los formatos estarían a disposición de la efemérides. Véase lo que ocurre, por ejemplo, en el Reino Unido, con mi querida Jane Austen. Libros, películas, cómics, nuevas adaptaciones, series de TV, merchandising en el que hay postales, cuadros, camisetas, joyas, ceniceros, jarras de desayuno….toda una enorme parafernalia puesta al servicio de la divulgación de su figura y su obra. Nada de esto ocurre con nuestro Cervantes, que parece al común un personaje anacrónico, al que se co

La voz al otro lado

(Erwin Blumenfeld. Fotografía. 1944) Lo sabe. Ella lo sabe. Claro que lo sabe. Cómo no saberlo...Y a veces lo comprende. Pero a veces únicamente. Las más, odia lo que sabe, lo que ve, lo que presiente. Pero es la vida, piensa. Y la vida se escribe de tantas formas...Y así no queda otra que seguir, paso a paso, aunque la suerte, la lotería, puede que no te toque nunca o que lo haga una vez y luego se convierta en maldita ruleta que señala su objetivo y te marca.  Sabe que no existe territorio en el que se anclen sus sentimientos sin parecer desnudos. Que hay horas en las que todo se escribe con un nombre impostado, falso y sin conexión con la vida. Sabe que las noches huecas tienen su contrapunto en el eco salado de las lágrimas. Que él se muere por otras soledades y que las vive sin anunciarse, pero con la determinación del que busca en el desierto. Sabe que nunca se escribirán amaneceres, que nunca habrá un silencio en el que suene el click clack de los besos. Ella lo sab

Ellas, las otras

(Spring fashion. 1953. Erwin Blumenfeld. For Vogue)  Las cuatro mujeres tenían vidas parecidas. Pero ellas eran distintas. Ahí estaba lo esencial, lo que las hacía diferentes. Esa forma de ser, más allá de las cronologías o de sus gustos cotidianos. La mayor estaba hecha al trabajo duro. Su infancia fue terrible y ella la había soportado con un gesto elegante, sin apenas darle importancia. En su vida de casada hubo desgracias que asimiló como quien tiene un pequeño tropezón al andar con unos zapatos de tacón alto. Y así, todo se le iba en gozar de la vida, en vivir aunque no hubiera ganas, aunque no hubiera tiempo, aunque nada hubiera.  Otra de esas mujeres vivía en una mentira. Fingía. Era una persona y se mostraba como otra. Ese fingimiento tenía un claro objetivo. Llamar la atención. Ella quería ser la persona mimada a la que todos cuidaran y a la que todos hicieran el mayor caso. Seguramente aquello le vino de su infancia, de su juventud, junto a una madre omnipresent

Salto mortal (y rojo)

(Red on Red. Erwin Blumenfeld. 1954. Fotografía)  Eran tiempos de silencio. Esos años en los que las apariencias eran tan importantes que ocultaban el fondo. Incluso no había fondo directamente. Solo apariencias.  En esos años ella se saltó las reglas. Decidió que iba a escribir su historia por sí misma, con su propio cuaderno, su lápiz bien afilado y su goma de borrar. Usó la goma para borrar su matrimonio. Usó el lápiz para dibujar el perfil de un hombre diferente. Varonil, ansioso, volcado en ella y en sus esperanzas. Así, se convirtió en lo que nadie en la calle querría ser. Se convirtió en un pecado andante, que se paseaba sin esconderse por las calles desiertas y se bañaba esplendorosamente feliz en las playas.  Una vez la encontré frente a frente. Caminaba a su lado con aire resuelto. No era guapa, pero el amor había logrado el milagro de que pareciera fresca y satisfecha. De ese modo, cuando te cruzabas con ella advertías una especie de pátina de la que carecía

Pronunciaré tu nombre

(Fotografía de Eduardo Blanco Amor: Playa de Capri) En ese viaje imaginado que nunca tendrá lugar visitaremos la isla de Capri. Nos acogerá con la gentileza acuática de los lugares de moda y anidará en nuestro corazón un sentimiento nuevo. Seremos entonces nosotros mismos sin este peso de ahora, sin esta ocultación de lo que somos. La playa será el recóndito escenario de los besos, besos que no hemos escrito todavía, besos que no pueden retrasarse porque la vida avanza.  Habrá esperanza entonces de que todo esto no sea una mera representación de teatro, consideraremos que tenemos una oportunidad de vivir lo que antes han sido solo palabras y una sonrisa tenue inundará la cama con vistas al mar que acogerá ese momento eterno del cuerpo a cuerpo sin tapujos. Ay, qué será entonces de los miedos...qué color tendrá nuestra mirada...cómo esconderemos el pasado para que no nos estorbe... Pronunciaré tu nombre sin olvidar ni una sola de sus letras, tu nombre completo, el nombre

Nada de nada

(Autorretrato. Fotografía de Elizabeth Hase. 1930) El caso es andar, dice la canción que escucho mientras escribo. Una ecuación perfecta. La música que no es el fondo sino, incluso, el motivo. Las palabras que acuden y sacuden el ordenador en un tic tac continuo y pausado a la vez. Ese momento en el que la lluvia golpea la ventana, la hace retumbar, la llena de gotas que te impiden ver el exterior. Tampoco puedes mirar hacia dentro. Si lo haces, las gotas de lluvia se habrán convertido en lágrimas. Lágrimas perennes que danzan en torno a ti porque tú las has convertido en un motivo cotidiano.  El caso es andar, nada me pertenece. Soy nada. No tengo ninguna razón para contarte cosas ni para escribirlas apenas, dice ella mientras sus ojos, enrojecidos a saber de qué y por cuánto tiempo, sacuden las lágrimas y las pestañas se arquean sin otro remedio que el disimulo. He escondido que tengo un desasosiego permanente y que tú me lo produces, piensa ella. Esos pensamientos se ac

Por una rosa

Es de esas rosas que crecen sin permiso, que viven sin agua, a veces sin luz y hasta sin sol. Es una rosa que nace sin remedio, que no puede apagarse aunque no tenga nadie que le insufle la vida. Es una rosa evidente, una rosa impermeable, una rosa única. Es una rosa de afectos, una rosa de desamparo, una rosa de dicha. Es una rosa de pasión. Es la rosa que llevo desde que eres en mi vida. Tan espontánea como tú y con el mismo sentido. Es mi rosa. Por ti nació y así vive. 

Diez libros para el Día del Libro

("Mujer leyendo en un interior". Ricardo López Cabrera, 1898) Si existe una festividad verdaderamente alegre esa es el Día del Libro. El 23 de Abril. El momento, la excusa perfecta para entrar en el parnaso y buscarte un libro y lanzarte a leerlo con ganas. El tiempo de hacer regalos y de hacer llegar a alguien tu sentimiento por medio de un texto que te encanta. O de recibir la sorpresa en forma de un libro que es de tu agrado y la persona que te lo regala va y lo sabe.  Por si no sabéis qué libro compraros o regalar o regalaros, he aquí diez de ellos que he leído últimamente y que me han gustado mucho. Ocho escritos por mujeres y otros dos por hombres. Casualidad. O no.  Y los escribo sin orden, ni concierto, ni jerarquía, así, sin más.... "Flores para la señora Harris" de Paul Gallico. Editorial Alba "Y eso fue lo que pasó" de Natalia Ginzburg. Acantilado "París era ayer. 1925-1939" de Janet Flanner. Editorial Alba. 

"Nora Webster" de Colm Tóibín

Tres años de la vida de Nora Webster, desde que se queda viuda de Maurice, hasta que decide desalojar los armarios con su ropa y romper los recuerdos escritos que de él tenía, son el espacio de tiempo en el que transcurre este libro. El tiempo acota el contenido y las emociones. Nora tiene cuatro hijos, debe trabajar y seguir viviendo mientras elabora su duelo y recorre ese oscuro camino que va de la vida en compañía a la vida en soledad. Un aprendizaje que solamente se culmina cuando la aceptación de lo ocurrido es plena, cuando el horizonte del futuro pesa más que el dolor del pasado. O que la felicidad compartida, aún mucho peor de sobrellevar.  Tóibín entreteje otros contenidos en la historia. La vida laboral de Nora, los acontecimientos históricos que acontecen en su Irlanda, las relaciones con sus hijos o vecinos, redes de amistades que aparecen y se van, amalgamas de pensamientos que se cruzan firmemente en ella y en su determinación de sobrevivir a la catástrofe sentimen

"Léxico familiar" de Natalia Ginzburg

Natalia Ginzburg (Palermo, Italia, 1916-Roma, 1991) es una de esas escritoras cuya vida bien podría dar lugar a varias novelas. Su nombre de soltera era Natalia Levi y pertenecía a una familia culta y de izquierdas. Su vocación literaria fue temprana y desde los dieciocho años publicaba relatos en revistas. Se casó con el director de la Editorial Eunadi, Leone Ginzburg, y ese matrimonio la puso en contacto con el mundo literario de una manera plena. En 1943, Leone fue detenido y asesinado en el marco de la lucha antifascista y ella se dedicó desde entonces a trabajar en la editorial. Desde Roma, donde fijó su residencia después de esto, formó parte del Parlamento como miembro del PCI y siguió escribiendo hasta su muerte.  El número de novelas y relatos que ha publicado es muy importante. Este "Léxico familiar" a modo de memorias familiares, salió a la luz en 1963 y ha venido siendo reeditada desde entonces en varios idiomas y por diversas editoriales. Un tapiz sentim

"El equilibrista" de Andrés Neuman

El caso es que no recuerdo la fecha pero conocí a Andrés Neuman en una Feria del Libro de Sevilla, allá en esa carpa que habilitan en la Plaza Nueva donde los autores se sientan en una pequeña tarima y los lectores en sillas de madera forradas de blanco, como si asistieran a una boda en una hacienda de Utrera o Carmona.  La tarde de primavera era cálida y Neuman nos contaba, con su acento peculiar y una media sonrisa que siempre gasta, a saber por qué extraño motivo, las peripecias de los viajes que le condujeron a escribir algunos de sus libros. Los aeropuertos y las estaciones de tren, esos sitios de tránsito en los que puede uno hallar fuente de inspiración o de desesperanza, fueron el poso en el que buceó para plasmar sus vivencias y sus pensamientos en el papel.  Neuman es polifacético y tiene una obra miscelánea, muy variada y a veces efímera, porque anda por la red, a través de su propio blog, que cuida y mima. Pero deja en el papel huella precisa para que los lectore

Con la lluvia de abril

(Ilustración: André Kohn) La ciudad se estremece bajo una lluvia suave que cubre por unas horas su perfil cálido de sol inclemente. Toda ella se viste con esa cortina acuosa y líquida que motea las gafas y convierte en duro diamante el roce de las manos en las mejillas. Hay quien no ha reparado en que el cielo está gris y se mueve sin paraguas con la actitud de incomprensión que esta lluvia de primavera ofrece. En la iglesia los asistentes a la misa no saben que, al volver a la vida exterior, el manto oscuro que ha cubierto el cielo se desgrana ya en suaves copos líquidos que mojan sin molestar apenas.  Ella recorre los puentes, que tantas otras veces ha pisado, bajo el techo breve de un paraguas de corazones rosas y se pregunta como hace siempre por ese milagro de una ciudad que ofrece mil caras y otras mil oculta. El río es una larga lámina que recibe la lluvia con indiferencia y en él los remeros se mueven rítmicamente sin pausa y con desdén. Sin preguntas. En sus

La chica de ayer

Sonaba “La chica de ayer” y ella caminaba como si volara, de puntillas por el asfalto tórrido de un verano que se escribía, por vez primera, junto a un río y no en la salada claridad de su mar de siempre. Sonaba la música y ella soñaba, mientras recorría graciosamente el barrio que había elegido para vivir y que se abría como una promesa de amanecer, de esas que nunca pasan desapercibidas. Era tan joven y tenía tantas ansias, tantos sueños por escribir y tantos caminos por andar….En esas, alguien apareció inopinadamente. En ese encuentro hubo risas y mosquitos que dejaban en las piernas desnudas las señales inequívocas de sus molestas intenciones. Pero nada de eso podía borrar la emoción de los primeros momentos, de esos instantes en los que todo parecía nuevo. Y lo era, en verdad. Así hubo tiempo de conocerse, de escribirse mutuamente en el manual de las primaveras y de las estaciones que iban sucediéndose sin que nada enturbiara la felicidad de esas horas. Hasta que la vida, que

Un coche para dos

El primo Jaime era el más guapo de la familia. Era oficialmente guapo. Aún lo es, aunque los años han pasado. Conserva un precioso cabello abundante y  áspero y moteado de gris. Unos ojos soñadores color verde-mar y unas manos cuidadas y llenas de ligereza. Es un hombre atractivo y entonces era un joven comestible. Como es diez años mayor que yo siempre me consideró una niña y nunca me prestó la menor atención. Pero un día la cosa cambió. Yo estaba recién divorciada de mi primer marido, aún no había cumplido los treinta y me encontraba en un momento envidiable. Libre de las ataduras de un matrimonio que se había revelado bastante absurdo disfrutaba de la sensación de no tener que darle cuentas a nadie de mi vida. Así fue como el primo Jaime me vio en un acontecimiento familiar: atractiva, feliz y dueña de una sonrisa arrebatadora. Creo que se enamoró al instante,  cuando me vio llegar con un vestido negro sin mangas y unos pendientes largos de cristal que hacían zigzag y que brilla