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Mostrando entradas de febrero, 2016

"París era ayer" de Janet Flanner

(Portada del libro, editado por Alba)  La vida de la periodista Janet Flanner fue apasionante. Nacida en Indianápolis, en 1892, fue una de las mujeres que se declaró abiertamente bisexual y que, tras casarse, tuvo relaciones largas y profundas con dos mujeres. Solita Solano, con la que estuvo cincuenta años de forma intermitente y Natalia Murray, con quien acabó sus días.  Su vida personal era el trasunto de la profesional: activa y sin que hubiera tema o situación que ella no pudiera abordar, aun siendo una mujer. Fue la corresponsal del New Yorker en París desde 1925 a 1975 y formó parte del círculo de estadounidenses que constituyen la llamada Generación Perdida, expatriados, descontentos y llenos de escepticismo por todo y por todos. Ella conectó a estos americanos (Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, e.e. cummings, Hart Crane,  Gertrude Stein, Djuna Barnes entre otros) con los artistas de las últimas vanguardias, tanto pictóricas como literarias, Picasso, Braque, M

La nieve ardía

(Saul Leiter. Fotografía) Él llegó con un aire entre arrogante y tímido. Era la hora incierta del mediodía, cuando el tiempo se detuvo en su rostro. Tenía una expresión callada y unos ojos certeros que se posaron sobre todas las cosas y no se detuvieron en ninguna de ellas. En esas horas, vivió su cercanía como un milagro. Esta allí, por fin, ya se veía, no como algo intangible, sino como una verdad entera, sin ausencia, únicamente él, allí estaba, por fin, ya se veía.  Ni siquiera recuerda sus palabras, no las oyó. No tenía asiento nada más que para sentir el latido de aviso. Estaba allí, no era una quimera, ni una mentira, ni un sueño. Sus manos se movían, su cuerpo se movía, sus ojos se movían. Todo él era verdad, entonces y ella no pudo sino saludarle entero con la dicha de ser y de estar a su lado.  Él llegó envuelto en grises. Los colores de la indefinición. Era un hombre elegante, con aire reposado y antiguo. Un hombre de los que ya no quedan. De los que entiend

Después de todo

Ella no soportaba este tipo de situaciones: tienes una relación con alguien, hay unas pautas, una línea de actuación. Y, de pronto, sin saber por qué, inopinadamente, se rompe, se termina. Se cambian las reglas del juego sin que haya motivo o, al menos, sin que nadie se los explique. En esos momentos no sabe cómo actuar, ni cómo recomponer su pensamiento. Se siente desmadejada, desconocida para sí misma, auténticamente perdida. Qué hace o qué dice. Esa es la cuestión. Y es algo que le ha ocurrido ya algunas veces. Pero nunca se acostumbra.  Por eso la gran pregunta siempre es ¿por qué? Es una pregunta reiterada, que le viene a la cabeza a menudo pero que no puede hacer en voz alta. Si lo hiciera, la persona en cuestión lo negaría todo. Como si se tratara de un interrogatorio policial. Como si esa negación fuera absolutamente imprescindible. Diría siempre que no, que no pasa nada, que las cosas siguen igual, que no ha cambiado su forma de pensar o de sentir.  Ella no tiene da

Nada, en realidad

(Fotografía: Saul Leiter) Michel Faber escribe "El libro de las cosas nunca vistas" y le hacen una entrevista para preguntarle por qué, por qué lo escribió y qué sentido tiene ese libro. No es un libro normal para él. Lo escribió a razón de seis líneas por día. Su mujer, Eva, estaba muy enferma. Cáncer. Murió. Terminó la novela porque le hizo a ella una promesa. Y escribía cada día esas seis líneas porque le hizo a ella esa promesa. Ahora Faber escribe poesía. Porque se lo debe a si mismo.  Soy como esa mujer que avanza entre la lluvia acompañada de su perrito. Yo nunca tendría un perrito. No me gustan las mascotas. Pero parece que el perrito es el que la lleva, el que hace que la mujer avance. El perrito puede ser cualquier cosa. Un hijo, una ilusión, la vida. Algo que empuja a la mujer, que se mueve entre la lluvia, con los pies mojados y un paraguas que puede cerrarse en cualquier momento. También podría dejar de llover pero eso es más difícil. Como esa mujer,

En silencio

(Impression: soleil levant. Claude Monet. Manifiesto fundador del Impresionismo) Viene y me cuenta cosas que no sé descifrar historias que contienen enigmas juegos de palabras incomprensibles que encierran promesas que se abren y agitan sin motivo. Me dice que ha visto el arcoiris sobre llanuras de mar inmenso que la otra cara de la luna no existe que hay una serpiente blanca enredada en el manzano. Me dice que hay noches en las cumbres de viejas montañas con sonidos a cantos de sirenas con llantos de niños abandonados.  Y que ha encontrado un pequeño rincón donde poder amarnos en silencio

Edna Ferber, enérgica escritura

Edna Ferber aparece en un rincón de Internet, en uno de esos merodeos en los que me sumerjo por las tardes buscando libros, escritores o, simplemente, dando una vuelta por ahí. Aparece porque la editorial Nórdica ha publicado uno de sus libros y alguien lo ha reseñado. Esas editoriales que traducen los libros de los autores más poco conocidos en España y que te los ponen en bandeja realizan una labor encomiable. Siempre hablo de ellas con agradecimiento. Ahora ha sido Nórdica .  Edna Ferber , 1887-1968, es estadounidense y fue escritora de libros y de obras de teatro. Sobre todo, una persona llena de fuerza, de convicciones, de deseos de cambiar el mundo. El ámbito de la pequeña y mediana burguesía es el telón de fondo de sus obras y es también una gran amante de los enormes espacios vírgenes de los Estados Unidos . Cuando sitúa sus obras en Oklahoma , en Texas o en Alaska , no solamente recrea los lugares sino las contradicciones de la sociedad, siempre presentes en sus l

La euforia de la gente feliz

(New York. Robert Neffson. Hiperrealismo) Siempre me he preguntado si era verdad o impostura. Si esa euforia bulliciosa de la gente en vísperas de puentes o vacaciones es cierta o si solo tienen miedo de no parecer felices. Ser infeliz es algo que nadie quiere reconocer. Salvo los nostálgicos del romanticismo más oscuro, salvo los diletantes sin remedio, algunos artistas de la soledad o ciertos sesentayochistas prepotentes. Todos los demás huimos de la infelicidad. Reconocerla nos hace más infelices.  La gente hace planes para cada día y cada hora. Ningún fin de semana con varios planes para elegir. Ningún puente sin viaje. Ningunas vacaciones sin paraísos exóticos, vacunas, maletas y hoteles con todo incluido. Los pocos que se atreven a afirmar con timidez "no tengo planes" serán mirados como seres extraños, proscritos de una vida en sociedad que te impone la diversión por decreto. Hay que divertirse como sea, emborracharse si se puede y transgredir el horario. A

Eres la oscuridad

(‘Q Train’ – Nigel Van Wick) Si desparramo amor, tú no lo notas Impasible el sonido de un corazón en llamas Te pierdes en la noche de los silencios claros De la firmeza oculta de un tiempo que no existe.  Si te recuerdo, amor, tú no lo sabes No entiendes el sentido de mi fatal bagaje No me oyes, no me miras, no estoy, no notas nada, Eres la oscuridad, la noche aciaga y lenta. Amor, si un día te busco, inexorablemente Tendrás que abrir la puerta o cerrarla de golpe Tendrás que acariciarme o despedirme entera Tendrás que amarme, amor, o moriré, sin duda. 

A la flor del almendro

Cada año el rito se cumple sin pereza. Aunque la climatología sea inclemente, aunque las lluvias no lleguen, incluso cuando el calor rompe el ciclo de la vida vegetal, los almendros florecen y las flores blancas incipientes se tornan rosadas, en un movimiento esplendoroso que te causa sorpresa, aunque ya lo sepas. Había almendros en el patio de aquel colegio y los niños correteaban debajo de ellos y soplaban las pequeñas ramas que caían, convirtiéndolas en extrañas cometas vivientes. Los almendros llenaban el camino que conducía a ese paraíso de la infancia que visitabas a veces, produciendo una impresión distinta al resto de los árboles que allí había. Eran almendros extraños, fuera de lugar y, por eso mismo, imposibles de dejarlos a un lado. En Japón, Keiko y Natsumi sueñan con que, florecidos, van a convertir en realidad sus sueños, los que han tejido al amparo de la lona azul del parque de los pobres en el caso de Keiko y junto a la cocina de su vieja casa de Nagasaki,

"Ya no siento el corazón"

(Circe. John William Waterhouse. 1849-1917) "En el corazón tenía/ la espina de una pasión/ logré arráncamela un día/ ya no siento el corazón" Lo escribió Antonio Machado y cuando ella lo leía, desde niña, siempre se imaginaba la escena. El rostro sombrío, callado, oscuro, del poeta, subiendo despacio una calle empinada. Solo. Totalmente solo. Los versos de Machado tenían que ver con la ausencia que causa la muerte pero ella tuvo ocasión de saber que no solamente la muerte trae la pérdida. Que, a veces, se pierde incluso lo que no se ha tenido. Ese vacío que sucede al amor, ese desamor que se convierte en un hueco que llena tu cuerpo hasta extremos que nunca hubieras creído... Así, durante mucho tiempo, una luz especial la iluminó. Era una ráfaga de alegría a veces. En otras ocasiones, un vendaval de lágrimas. También, un movimiento telúrico hacia el abismo. Hubo horas en las que fue consuelo, llama viva y despertar alado. En las noches, una sonrisa cerraba su

"Nunca fluyó en calma el curso del amor"

(Rob Efferan. Hiperrealismo)  Había cuatro mujeres y era una tarde plácida. Los sentidos alerta esperando el amor. Una pasión lejana para alguna de ellas. Una pérdida para las otras dos. El descubrir del ansia para la más afortunada. “Le quiero tanto, dice, me gusta tanto, que creo que voy a morirme cada vez que me acerco al portal de su casa, toco el timbre y aparece sonriente y me toma en sus brazos”. “Le quiero tanto, sigue, que cuando no lo veo, aunque sean diez minutos, aunque sea un solo instante, siento que todavía puedo perderlo, incluso que se va de mi lado y yo noto el vacío, aunque sea un solo instante”. “Le quiero tanto, explica, que cuando hago el amor siento que me redimo de ese pasado triste que todas conocéis, siento que soy la única, que soy la verdadera, que estamos solos en el hoy y el futuro”.  Así brillan sus ojos. Certifico. Mueve las manos como si fueran alas, como si las palomas se posaran en ella. Mueve los ojos y sonríe con una mirada cómplice que n

La invasión de los imbéciles

Yo soy una de esas personas imbéciles que hablo en las redes. Umberto Eco (1932-2016) era un hombre muy crítico con las redes sociales. Mucha gente lo es. Pero no son Umberto Eco, ni tienen el eco de Umberto Eco. De manera que esta voz ha resonado con mucha más fuerza y generado un movimiento anti-redes que está iniciándose pero que tendrá cada vez más adeptos. Es como el movimiento luddita que iba contra las máquinas. Como los libros de D. H. Lawrence , clamando por la supremacía de los instintos en un mundo mercantilizado y mecanizado.  Eco también se planteó el problema de la escuela en relación con la enseñanza del uso de Internet. Sabiendo que es un proceso imparable, se interrogó acerca de las formas y maneras en las que la institución escolar puede acometer no solamente la alfabetización digital, sino el libro de estilo de Internet, la fórmula para distinguir lo verdadero de lo falso y sobre todo, lo cualitativamente bueno y lo malo. Esa distinción requiere un aprend

"El descapotable rojo y otras historias" de Louise Erdrich

El mundo de las mujeres, las diferencias sociales y culturales entre blancos e indios, las costumbres de la tribu ojibwe de la que desciende, lo bueno y lo peor del ser humano, son los temas que desgrana en sus libros Louise Erdrich (1954. Little Falls, Minnesota, USA), de quien la editorial Siruela lleva publicados ya media docena de libros. Uno de ellos "Plaga de palomas" está reseñado en este blog. No es la única autora que convierte en literatura sus vivencias de infancia en torno a las reservas indias. También lo hace, y muy bien, Katherina Vermette, en un libro precioso titulado "En un lugar sin nombre".  Ahora se publica esta serie de relatos, vertidos al castellano desde el inglés por su traductora de siempre, Susana de la Higuera Glynne-Jones. Erdrich es una maestra del relato. Ha escrito importantes novelas y libros infantiles pero es en el texto corto donde encuentra su mayor y mejor forma de expresión. Ella misma lo reconoce cuando dice que lo

No

(Liechtenstein) Ella siempre negaba. Siempre decía "no". Podía ser el título de una canción. La mujer que siempre decía no. No te quiero. No me gustas. No me importas. No espero nada de ti. No te entiendo. No sueño contigo. No te espero cada día. No aguardo tu voz tras el teléfono. No despierto con tu nombre en mis labios. No rememoro tu risa cuando estás lejos. No te echo de menos. No te ansío. No te deseo. No imagino tu cuerpo junto al mío. No hablo sola como si me escucharas. No escribo por ti. No escribo de ti. No escribo porque existes. No eres mi inspiración. No eres toda mi vida. No te llevo siempre en lo hondo. No lloro a veces de nostalgia. No siento tu ausencia. No me gusta verte. No corro como si tuviera alas a tu encuentro. No eres el motivo por el que sonrío a solas. No te amo. 

"La costurera" de Rosalie Ham

Solo lleva un par de meses en las librerías españolas. Es la primera novela de Rosalie Ham y de ella se ha hecho una película protagonizada por Kate Winslet. El tema de la costura da mucho de sí en la literatura y en el cine. No me extraña. Representa un mundo fantástico, lleno de posibilidades, de texturas. En España tuvo muchísimo éxito el libro de María Dueñas "El tiempo entre costuras", del que se hizo una preciosa y ajustada serie del mismo nombre con el protagonismo de una intérprete ideal, Adriana Ugarte. En esta novela el trasfondo histórico tenía un peso importante, mientras que en la novela de Ham es la vida personal, los errores del pasado y el peso de la herencia familiar, lo que supone el reto que la protagonista aborda con su regreso. En el caso de "La costurera", la historia se centra en una joven que, tras pasar un tiempo en Europa, regresa al pequeño pueblo australiano en el que se crió. Dungatar es un sitio en el que todos los ecos del pasad

Dime cuánto le quieres...

Te has sentado indecisa al hueco de la tarde. Hace frío. Los visillos se mueven imperceptiblemente. De vez en cuando entra por la ventana un halo de este norte que azota la ciudad. Casi anochece. Es la hora de los miedos y del silencio extremo. Me has hablado. Me cuentas con palabras que casi desconozco lo hermoso que resulta volver a enamorarse. Me lo dices y ríes. Tienes la risa fresca de quien piensa en los besos. De quien perdió los besos y está a punto de ver cómo amanecen. Me dices que le quieres hasta el fondo. Que quieres lo que es y lo que te imaginas. Que lo encontraste sin querer buscarlo y que ahora su mirada es la balsa que recoge tu cuerpo, cansado de luchar contracorriente. Me dices que le quieres y hasta dónde, qué harías por él, cómo lo acunas sin poder evitarlo. Me dices que le quieres y te entiendo. Cómo dejar de hacerlo si yo siento lo mismo aunque me calle. 

Editores y escritores: "Genius" de Michael Grandage.

Cuando el cine y la literatura se unen para dar lugar a un producto puede pasar cualquier cosa. Y de entrada nadie diría que la figura de un editor puede hacer surgir el entusiasmo que todo protagonista debe causar en el público. Si el editor es Max Perkins y el escritor es Thomas Wolfe, la cosa puede empezar a variar. Pero, si el editor es Colin Firth y el escritor Jude Law, entonces todo se puede transformar en una verdadera alegría para el cuerpo y los sentidos.  Me confieso colinfirthiana desde que este hombre altísimo y con mirada inteligente bordó el papel de Fitzwilliam Darcy en "Orgullo y Prejuicio" versión de la BBC de 1995. Nunca ha habido ni lo habrá un actor que se convierta en un personaje austeniano más verosímil. Tanto es así que miles de admiradoras lo siguen identificando con Darcy, el hombre enamorado de Elizabeth Bennet que todas hubiéramos querido conocer. Ves a Firth y te crees que estás viendo a Darcy. Pero, aún más, lees a Austen y observas el

Nadie, al otro lado

(E. Hopper) Como si alguien hubiera levantado de improviso una tapia imposible delante de su ventana, las horas transcurrieron ese día a falta del aire fresco que mueve lentamente los visillos sin posarse. La vida cotidiana continuó sin cambios. Una cosa y la otra, engarzadas en las horas que pasan sin pararse, pero también sin la vivacidad de siempre. Las manos intentando encontrar el camino transitado de las palabras, ese espacio conocido en el que sabía moverse mejor que en cualquier otro. Pero no llegó el milagro. Letras, sílabas, consonantes y vocales parecían tener pereza para hallarse. No supo el motivo. La única realidad era que, al otro lado de la vida, allá en el horizonte, ya no había nadie. Nadie, al otro lado. 

"Cartas a Milena" de Frank Kafka

Conocer a los escritores, a los artistas en general, por su epistolario es un ejercicio fantástico. Descubres, en la vida cotidiana, en la expresión de los sentimientos, en su desempeño diario, un arsenal de cosas que el arte oculta, que la literatura enmascara. El escritor no escribe de su vida, aunque escriba su vida, aunque escribir sea la forma en la que esa vida se engarza en el mundo. Pero las cartas conservan el milagro de la autenticidad y aunque siempre se desliza la reserva cuando salimos de nosotros mismos, a modo de prevención inevitable, leer cartas es un modo de penetrar en la esencia de los otros. Produce, por eso, cierto pudor. Has cruzado una puerta que, quizá, el autor de la carta no pensaba entreabrir. Incluso en el aso de los escritores, tan prestos a asomarse a cualquier ventana.  Estas "Cartas a Milena" de Kafka que ha publicado en una nueva edición más completa y ordenada la editorial Alianza, recogen la correspondencia del escritor con una jov

Ni flores

A veces eran lirios azules de tallo largo. Otras, margaritas amarillas, casi silvestres, de un color dorado próximo al albero, duraderas, humildes. También hubo rosas de todos los tonos. Rosas rojas, rosadas, amarillas, blancas, rosas de todos los olores. En ocasiones, aparecían jacintos, tulipanes, gardenias, incluso orquídeas una vez. Una mañana trajeron un enorme cesto de flores silvestres con frutas de la estación y toda la casa se llenó de un suave batir de polen que se movía de una habitación a otra. Hubo azahares, pensamientos, campánulas.... Las fresias inundaron un año la terraza, formando una especie de cúpula improvisada y roja.  Las flores traían siempre la misma frase en la tarjeta. Invariablemente la misma frase aparecía un año y otro año. Todos los años la misma entonación, la misma idea. Y, con ella, una única palabra. "Siempre". Llegaban a horas diferentes, no era cuestión de haberlas encargado, sino de buscarlas casi en el último momento, dependiend

No me cuentes si te vas

Si acaso alguna noche, cuando estés lejos de mí, decides ir en busca del amor no me lo cuentes no me cuentes si te vas a la caza de algo que yo no tengo no me digas si en las noches hallaste esplendor o decepción no me expliques tus dudas ante la belleza de las mujeres o ante su estupidez no me lo cuentes.  Si acaso alguna noche, después de enviarme una sonrisa en forma de dinosaurio alado, decides salir al mundo en pos de un abrazo que no es el mío no me lo cuentes no me cuentes si la noche fue fructífera, si te decepcionó, no me digas si alguien te miró de un modo especial no me expliques tu desazón ni tu desesperanza ante la gente extraña no me lo cuentes. Deja que el silencio se aposente entre nosotros cuando no haya besos que compartir. 

"El hermano del famoso Jack" de Barbara Trapido

En 1982 se publicó, por primera vez "El hermano del famoso Jack", la primera novela de Barbara Trapido. La protagonista es una chica llamada Katherine (el nombre más usual en todas las protagonistas de todos los libros y películas del mundo occidental desde el principio de los tiempos). Katherine es elegante y moderna y entra en contacto con una familia muy especial, los Goldman. Jacob Goldman es su profesor de filosofía y Jane es su esposa. Tienen dos hijos ya mayores, Jonathan y Roger y otros dos más pequeños. Además, Jane está embarazada de gemelos. Hay otro personaje más, un amigo de todos llamado John Millet, una especie de hombre para todo, introductor de amistades y cultísimo especialista.  Las referencias literarias son constantes en la novela. Eso me cautivó, después de su portada con Katherine descalzada y su curioso título. D. H. Lawrence desfila por las páginas como un hombre que no sabía escribir de sexo y "Emma" es la novela favorita de Ka

Paréntesis de nieve

En ocasiones un acontecimiento agitaba sus emociones y las convertía en un carrusel de sentimientos que no se podían detener por mucho que lo intentara. En esas horas, la actividad se paraba, salvo la de pensar la forma de parar aquello. Se paraba el disfrute, la contemplación de la naturaleza, la charla sosegada y, sobre todo, la escritura. Los objetivos se desdibujaban, el tiempo quedaba en suspenso y todo se convertía en un paréntesis de nieve a la espera de que se deshelara. Nunca esos paréntesis fueron productivos. Solamente nadas y desolación. Una absurda respuesta a un estímulo aún más absurdo. Había decidido que esa sería la última vez que ocurriera. Pero no tenía seguridad de que podría cumplir esa promesa hecha a sí misma. Nieve sobre mojado. 

Tiempo de silencios

(Retrato. Salvador Dalí) Fue una niña callada y una adolescente silenciosa. Una joven expectante. Una mujer en sueños. Un día, algunas de las cosas que había estado guardando se mostraron al exterior. Alguien las recibió y pudo conocerlas. Eso era una excepción en una vida en la que la ausencia de palabras para explicar quien era había sido la norma. Pero, como ocurre a veces, ese caudal de confidencias, de sensaciones inciertas, de hechos, de nombres y de ritos, no conmovió el corazón de nadie, no fue capaz de mostrarse en su verdadera esencia.  Así que la antigua niña que escribía la historia en su diario, la joven que coleccionó poemas, la mujer que recibió imperturbable y sin lágrimas el azote de la muerte, volvió a recoger los restos de sus pequeñas cosas y las guardó como antaño, en un lugar inaccesible para todos. El silencio volvió y ahí está, se queda. Silencio sin palabras y sin escritos. Un largo silencio para proteger lo que tanto había costado construir. Una v

"Los Sioux" de Irene Handl

Siento una extraña inquietud cuando tropiezo con un libro como este, escrito por alguien de quien nunca he oído hablar. Trae buenas referencias, eso sí, por parte de gente a la que considero pero ¿me gustará? ¿se convertirá Irene Handl en una de esas autoras que me atrapen? ¿seguirá la senda que antes atravesaron Stella Gibbons, Penelope Fitzgerald, Eudora Welty y otras autoras que conocí gracias a esta editorial? ¿se convertirá, como Edna O´Brien, en una de mis autoras de culto?  Todas estas incertidumbres me llenan en el momento en que conozco que Impedimenta ha rescatado del olvido a una autora que ha escrito, según Doris Lessing, una novela original a más no poder. Y bien escrita, dice. Rescato de la propia página web de la editorial la sinopsis de la obra. Aún no la he leído así que yo no puedo sino mostraros mi interés por hacerlo y contaros qué dicen de ella los que la conocieron en su día. Dice Impedimenta de "Los Sioux":  Los Benoir componen una aris

"Oona and Salinger" de Frédéric Beigbeder

El francés Frédéric Beigbeder, es, como tantos hombres de nuestro tiempo y de épocas anteriores, alguien que se resiste a envejecer. Fue el "enfant terrible" de las letras francesas y ahora, a los cincuenta años, se ha casado con una mujer veinticinco años menor para perpetuar así el ansia de juventud. Como sabemos, caso inútil. La juventud no vuelve por mucho que las sábanas de seda te envuelvan junto a un cuerpo joven. Pero Beigbeder no esconde su debilidad y por eso hemos de aceptarla. Son cosas de hombres, podemos afirmar y no equivocarnos.  Algo de ese deseo de permanencia en la edad más fresca de la vida se encuentra en su libro, una "faction", como él mismo la define, hechos reales contados a modo de ficción y realzados por aportaciones literarias que no se pueden probar ni para decir que son verdad ni para rechazarlos, dedicada a los amores juveniles entre una jovencita Oona O´Neill y un joven J. D. Salinger. Ambos personajes merecen ser rescatados

"La última modelo" de Franck Maubert

Son solamente 105 páginas. Un libro pequeñito, que resulta cálido y fácil de manejar. Su autor es Franck Maubert, nacido en 1955 y autor de varias novelas y libros consagrados a la pintura. Algunos de esos libros son "Le Paris de Lautrec" y "Maeght, la passion de l´art vivant". La portada interior de Acantilado, que es la editorial que ha sacado esta edición, nos avisa de que han publicado ya, en 2012, "El olor a sangre humana no se me quita de los ojos. Conversaciones con Francis Bacon". El mundo del arte visto desde dentro o, al menos, con otra mirada. Esa mirada que resulta imprescindible para no quedarse en la mera contemplación de la obra, en la biografía sucinta o en la descripción técnica de los cuadros.  Este libro acerca a los públicos la figura de la amante de un artista particularmente distinto. Alberto Giacometti, de quien me quedé suspendida cuando lo estudiaba en la Facultad. El Giacometti de las figuras alargadas, expresionistas, carg

Olvidar la palabra

(Joseph Rodeare DeCamp. Escuela de Boston. 1858-1923) Quise dejar a un lado la palabra, el eco cotidiano de sílabas y letras que siempre me acompaña aunque no sepa cómo. Quise olvidar el sonido de los versos escritos, de frases pronunciadas al teléfono. Quise olvidarte todo. Quise dejar de ser y de sentir, dejar de amarte, dejar de convertirte en un relato, dejar de ansiar que un mediodía de sol, al fondo de la calle, tu figura se alce entrevista, llena de plenitud, ya para siempre.  He querido asomarme al interior y descubrir que siento esa tibia penumbra de los años perdidos, ese rumor incesante de olas que nunca se terminan de encontrar, esa noche callada de los sueños, inundados de cuerpos que se abrazan. He querido asomarme a la distancia que existe sin que pueda evitarlo, está, se vive, es ella, pero no tengo forma de descubrir su estado, su esencia, su por qué.  Ahora sé que no puedo. Que tengo que llorarte amargamente si quiero conocer lo que es amor para luego

Soneto 29 de William Shakespeare

(La joven de la perla. Johannes Vermeer- 1665) Cuando me son adversos la Fortuna y los hombres  Lloro a solas mi triste condición de abandono Y clamo al sordo cielo mis inútiles quejas Y maldigo mi suerte viendo cuál es mi estado. Quisiera ser un hombre más rico en esperanza,  Hecho a su misma imagen, con sus mismos amigos, Y envidio el arte en unos, la competencia en otros, Y hoy apenas disfruto de lo que ayer quería; Pero mientras medito, casi ya despreciándome, Pienso en ti y mi congoja se convierte en un himno (Al igual que la alondra se aleja de la tierra Y alza su  vuelo al alba) a las puertas del cielo; Pues recordarte, amor, me aporta tal riqueza Que ni por el de un rey cambiaría mi estado.  When in disfrace with fortuna and men´s eyes, I all alone beweep my outcast state,  And trouble deaf heaven with my bootless cries And look upon myself and curse my date, Wishing me like to one more rich in hope, Featured like

Si has de amarme

(El mensajero del amor. Marie Spartali Stillman. 1844-1927) Si has de amarme que sea solamente por amor de mi amor. No digas nunca que es por mi aspecto, mi sonrisa, el modo de hablar o por un rasgo de carácter que concuerda contigo o que aquel día hizo que nos sintiéramos felices... Porque, amor mío, todas estas cosas pueden cambiar, y hasta el amor se muere. No me quieras tampoco por las lágrimas que compasivo enjugas en mi rostro... ¡ Porque puedo olvidarme de llorar gracias a ti, y así perder tu amor¡  Por amor de mi amor quiero que me ames, para que dure amor eternamente.  (Elizabeth Barret Browning. 1806-1861)