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"Pisando ceniza" de Manuel Arroyo-Stephens

Entre los lectores que lo son de verdad funciona de modo efectivo el boca a boca. Lees un libro y no puedes dejar de comentarlo, de recomendarlo incluso. Cuando el libro te gusta mucho, entonces haces una loa tan intensa que tienes miedo de que la persona que la recibe se sienta luego decepcionada con la lectura, con su propia aproximación. Esto no debería ser un problema. Ya sabemos que leer es un acto individual. Intransferible. Dudosamente colectivo. Pero comentar un libro es un ejercicio de encuentro que tiene sus ventajas y su encanto. 

Este libro me llegó de esa manera. Alguien lo había leído y me habló de él de forma entusiasta. Imposible no ceder a ese requerimiento, a esa aventura de ver hasta qué punto esos elogios eran ciertos. Así que no queda otra que hacer tú lo propio, es decir, leer, leer y opinar. He aquí esa opinión después de la lectura. 
La respuesta a la pregunta es Sí. Tenía razón en su glosa, en su apología, la persona que primero transitó sus páginas. Sí. Es cierto. No exageraba. 
Manuel Arroyo-Stephens fundó la editorial Turner y escribió este libro. Entre un hecho y otro median muchos años, o quizá no tanto si pensamos que el relato principal del libro está escrito hace tiempo. En la entrevista que, con motivo de la publicación del libro, le hacen en el periódico El País, están claras algunas de las motivaciones de su escritura y, sobre todo, el gran tema, el motivo principal de sus preocupaciones y de sus palabras: la muerte. La muerte como lo ineludible. Como lo único cierto.

Resulta muy literaria esa mezcla de personajes de ficción, de vida real y de imaginación. Lo que sucede es más interesante que lo que nos inventamos, viene a decirme el amigo que me descubre el libro, lleno de interés porque yo lo lea. Así es. Pero no es menos cierto lo que el propio Arroyo certifica: Todo lo que se cuente, se convierte en vida.

El libro ha recibido, en poco tiempo, una crítica muy favorable. A pesar de mi desdén por la crítica literaria, tantas veces mediatizada por la amistad, en este caso la pasión no ha nublado el conocimiento. La profundidad de lo que se relata y la forma elegante, concisa, sincera y espectacularmente bella con que se cuenta, convierte a "Pisando ceniza" en un libro que, creo que no me equivoco" trazará una línea en este género mitad testimonio, mitad ficción.

Un editor escribe un libro. Ojo. Un editor, no un escritor. Y es muy bueno. Dice de él Félix de Azúa: Manuel Arroyo, el mítico fundador de la editorial Turner entre otras cien actividades, ha querido pensar seriamente lo que representó para él la ausencia de algunas personas que no deberían haber muerto y los ha retenido el tiempo de leer Pisando ceniza.

Así que el libro trata de la muerte. No de la muerte filosófica, la muerte en abstracto, la muerte polivalente, plurinacional, mayestática. No. De la muerte de verdad. De las muertes cotidianas. De las muertes de quienes "nunca deberían haber muerto". Así.

¿Quién no tiene en su mente ahora mismo alguien que "no debería haber muerto"? ¿Alguien cuya ausencia es más que un hueco, es un vacío definitivo? ¿Quién no siente que hay personas de las que se prescinde con dolor y con una sensación de fracaso imposible de restañar? ¿Quién no lucha porque el olvido no rompa los lazos con alguien que se fue inoportunamente?

He aquí las preguntas. Algunas de las respuestas están en ese libro. "Pisando ceniza". Personajes de ficción que se mezclan con personajes reales. Vida cotidiana y vida de gente famosa. Mirada especial, mirada propia, mirada diáfana. Escritura limpia. Escritura llena de riqueza. Un libro para leerlo y para recomendarlo.

A modo de reseña: Andrés Trapiello en su Blog Hemeroflexia

Acaba de publicarse un libro memorialístico extraordinario, Pisando ceniza. Lo ha escrito también un gran editor (Turner), además de apoderado del torero Rafael de Paula y de Chavela Vargas. Lo asombroso es que su autor, Manuel Arroyo-Stephens, publica este su primer libro cuando los escritores de su generación ya han publicado la mayor parte de los suyos, confirmando aquello de que los últimos serán los primeros. ¿Dónde habrá aprendido Arroyo ese tono para hablar de sí mismo y de sus amigos (lo hace aquí de Bergamín, de Paula, de un puñado de libreros de viejo tronados, de su vida y, sobre todo, de sus muertos: de su madre y su padre, en dos relatos a la altura de aquel memorable “Los muertos” de Dublineses)?


Ficha bibliográfica: 
"Pisando ceniza" de Manuel Arroyo-Stephens
Editorial Turner, 2015

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