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Este rumor que siento...¿son tus labios?...




Para ti, que no sabes...

Honda pasión o grito ronco, qué importa. En vano lo pregunto cada tarde. En desigual batalla se plantea la lucha entre el tiempo que perdimos y el porvenir que acecha sin que sepamos cómo. En qué forma o motivo llegará hasta nosotros la huella de los días....En qué cuerpo hallaremos el consuelo que alivie un cansancio de siglos...

Será posible, si los dioses son benevolentes, encontrar una música que nos guíe y que abra nuestros oídos a la vida....

Abres el libro y lo comprendes todo. Abres tu corazón al mismo tiempo.

Sientes que el miedo tiene su cauce exacto. Sientes que desvaneces la amargura. Sientes que ese paisaje que perdiste ya es tuyo, que está tan recobrado como el dolor de ahora.

Es nostalgia, no sabes, o es querencia, o es fuego o es ardor que no consume el ascua milagrosa de los ojos, la mirada encendida de los labios. 

Abres el libro y el poeta se desnuda. Se muestra entre las líneas como si pretendiera elevarte a un espacio que solo él conoce, que solo él comparte, que él tan solo escribe para ti, como si hubiera oído una señal, en los albores del tiempo pretérito, que sirviera para avisar de que un día, un día lejano, cualquier día, este mismo día de ahora, en este mismo instante, alguien bucearía entre sus hojas para buscar respuestas. Y solo las preguntas hallaría. 

Porque el amor es una pregunta cuya respuesta nadie sabe. 


(Reseña bibliográfica: Ocnos y Variaciones sobre un tema mexicano de Luis Cernuda, en edición prologada por Juan Lamillar y publicada por Renacimiento, en Sevilla, 2014)

(Imagen: Luis Cernuda pintado por Ramón Gaya)

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