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Libros que importan

¿Sabéis cuál es la fecha del año que nunca he dejado de celebrar?

No la Nochebuena (a veces tan llena de tristeza que he preferido saltarla del almanaque); no el cumpleaños (porque si falta quien te envíe ese cesto de flores, es como si sobraran también la tarta y las velas); no la entrada del verano; no el nacimiento de la primavera (oh, Botticelli). No.

La fecha del año que nunca he dejado de celebrar es el Día del Libro, el 23 de abril. Desde que lo recuerdo, en ese día siempre han llegado flores y han llegado, sobre todo, libros. 

Cuando era pequeña el Ayuntamiento de mi ciudad organizaba siempre una entrega de libros a los mejores alumnos de los colegios y del instituto. La modestia no me impedirá deciros que recibí ese premio durante varios años seguidos. Luego me hice contestataria y consideré burgués sacar matrícula. Pero, en aquellos años, el 23 de abril era el momento en que un libro nuevo, flamante y envuelto en precioso papel azul con el emblema del consistorio, llegaba a mis manos en acto solemne.

Hay una anécdota con respecto a eso, imposible de olvidar. Durante dos de esos años, seguidos además, el libro que me hicieron llegar fue….el mismo. Aunque en dos ediciones diferentes, eso es verdad, porque era un año mayor. Se trata de uno de mis libros iniciáticos, “Ivanhoe”, de Walter Scott, desde entonces en mi galería de favoritos. 

Luego siempre he andado por las librerías en el Día del Libro y todos los hombres de mi vida han entendido que era una fecha especial y han buscado ese libro que pudiera encantarme y casi nunca lo han conseguido, salvo que yo diera antes un soplo. Eso es porque no me gustan los best-sellers, ni los libros obvios, sino merodear por las librerías o por las casetas de las Ferias del Libro y encontrar el tesoro escondido que me llama con su título o su portada.

Pero, como en otras cosas, decidí hace ya tiempo que el autorregalo es una bonita forma de no sentirse defraudada y yo misma me compro ese día algún libro especial, un libro que está esperando a colocarse aquí al lado, en mi mesa, en el montón de los libros “en lista de espera”. 

Y otra tradición de esta fecha que he seguido siempre que he tenido oportunidad, es recomendar algún libro. Cuando en mi antiguo instituto trabajaba en la biblioteca borgiana y maravillosa de premio nacional, organizaba charlas con autores y recomendaba libros a través de panfletos, hojitas o internet. Así que ahora aprovecho este blog y lo hago, con tiempo suficiente, para que, quien lea estas palabras, pueda buscarlos, por tierra, mar y aire. Quién sabe si alguien hallará, así, la horma de su zapato. Son libros que he leído en este último año y que me han gustado. No recomiendo nada que no haya probado, ni nada que no me haya sabido dulce. Hay solamente una excepción a esto, ya lo veréis.

He aquí, siguiendo mi criterio, mi único criterio y sin afán de nada ("Afán de permanencia", me viene a la memoria), una lista de libros que yo regalaría a alguien querido, amigo o conocido, incluso a alguien a quien nunca hubiera visto. 

“Canciones de amor a quemarropa” de Nicolas Butler, por ejemplo. Amigable, sencillo, coloquial. Por supuesto, la trilogía de Edna O´Brien, sin duda, ya sabéis, “Las chicas de campo”, “La chica de ojos verdes”, “Chicas felizmente casadas”. De ella y de sus chicas ya he hablado, por eso siempre encuentro una ocasión para contar que es mágica. También “Basset” de Stella Gibbons y, si no conocéis a esta autora, cualquier otro libro anterior de ella, por ejemplo, de la saga Flora Poste. Si os gustan los libros de esperanza, os encantará “La librería” de Penélope Fitzgerald. Genial. 

Sigo. “Una mujer de recursos” de Elizabeth Forsyhe Hailey, si eres feminista, aunque sin alharacas. “Las buenas intenciones” de Amity Gaige, fuerte, fuerte, pero muy sabroso. “La inmensa soledad” de Fréderic Pajac, inmenso, profundo, hondo, consecuente. La dulcísima obra de Stefan Zweig “Sendas equívocas”, tres cuentos que hacen apreciar la vida. “Órdenes sagradas” de Benjamin Black, magnífica muestra de la mejor novela negra actual. Quizá la mejor de su autor hasta la fecha, con esa prosa limpia y natural que me recuerda a Hammet (¿quizá falta una T?)

Si te gusta la poesía o si le gusta la poesía a esa persona, ahí está el último libro de María Sanz, “Oboe d´amore”. Precioso. Como todo lo suyo, sensible, tierno y firme.

Y de Antonio Rivero Taravillo, poeta y traductor, su poemario más reciente, "Lo que importa", al calor ya de mayo entre las manos. Es el único que no he leído, por razones obvias. Si en Abril aún no está, espera un poco. Todos los santos tienen novena.

Por último. No olvides que este 2015 celebramos los doscientos años de la publicación de “Emma” de Jane Austen. Búscate una edición que sea buena y léelo. Te hará feliz, créeme. Y serás ya austeniana de por vida. Lo pongo en femenino, porque quizá los hombres piensen de otra manera. 

Regala libros. Cómprate libros. Lee libros. 

Comentarios

Vicky ha dicho que…
Gracias por las recomendaciones, una buena lista para tener en cuenta. Creo que mi autoregalo irá por Edna O'Bríen. Saludos.

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