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Mostrando entradas de agosto, 2014

Y aquí tienes a un hombre que te ama...

Parece ser que fue el poeta inglés Robert Browning el que dijo esa frase, o la escribió quizá, a Elizabeth Barrett, su amor y también poeta. Puede que no sea una frase estrictamente, sino un verso, que no es lo mismo, aunque se le parece y hay frases que merecen ser versos. En todo caso, cualquier mujer querría oír esas palabras de labios de aquel a quien ama. Reciprocidad. Esa es una cuestión nada baladí. La poesía es, seguramente, la forma más limpia, la más libre, la más verdadera, de expresión escrita. El poema nace inesperadamente, cualquier situación puede provocarlo, lo que no quiere decir que no tenga sus reglas, interiores y exteriores. Pero creo desde hace algún tiempo que escribir poesía requiere de un talento especial y que no vale forzar los metros y las rimas, intentar pillar el ritmo o reproducirlo, añadir figuras literarias, metáforas o seguir la senda de otros. De todos los talentos del escritor este de la poesía es el mayor de ellos. “Por parecer que tengo de poeta l

Gente de cine. Memorias. Biografías.

Confieso que me gustan las biografías. Incluso la de una persona anónima tiene un interés especial. El interés de la realidad. Alguien puede pensar que eso es cotilleo, pero se equivoca. Mi interés obedece a que considero a las personas como lo más importante. El estudio de la naturaleza humana es, a la par de entretenido, sumamente instructivo. Aprende uno de los demás y, sobre todo, de sí mismo. Porque, como afirmaba mi vieja amiga la señorita Marple, la naturaleza humana es la misma en todas partes. Y así lo creo yo también.  Confieso que me gusta el cine. No es que me guste, sino lo siguiente, usando una frase que ha hecho fortuna en algunos medios televisivos. Me gusta, lo necesito, lo amo, me llena, me entretiene, me hace feliz. Mi vida y el cine son partes que no se pueden separar. Como tampoco me puedo separar de los libros. Pero una madre cinéfila, una educación cinéfila, muchos amigos cinéfilos, un hijo cinéfilo, todo eso da lugar a una rara ecuación pasada por el Séptim

Fitzgerald, Penélope

La Editorial Impedimenta ha hecho un rastreo sobre la obra de Penélope Fitzgerald y ha publicado, al menos, tres de sus libros. Los tengo aquí al lado mientras escribo. Si hay alguno más en estos momentos no los recuerdo. Las ediciones de Impedimenta son preciosas. Traen una sobrecubierta en color negro enmarcando la portada, blanca y con la repetición del motivo en la pasta propiamente dicha. Son bonitos, bonitos, libros para leer y guardar. Por eso prefiero el papel al ebook, no hay color en lo que se refiere a la estética.  Penélope Fitzgerald nació en 1916, hija de un editor y se formó en los colegios más caros de Oxford. Hablamos de una élite cultural que poco tenía que ver con la generalidad de la vida de las mujeres de su generación, ni siquiera de las que tenían posibilidades económicas. Seguramente todo ello contribuyó a que tuviera un punto de vista tan especial acerca de las cosas, algo que se traslada a su escritura de forma indudable. Se trataba de una familia en la q

Elizabeth Gaskell

A Elizabeth Gaskell la descubrí hace unos años. Fue un gozoso descubrimiento, similar a lo emocionante que me parecía cuando, en una estación de tren o de autobús de las que recorrí en mi época viajera, hallaba inopinadamente una novela de Ágatha Christie que no había leído o que no teníamos en casa. Eso era casi un milagro porque las buscábamos y leíamos todas. Desde El misterioso caso de Styles hasta Telón , pasando, claro, por las novelas que escribió con el nombre de Mary Wesmacott, su autobiografía y, más recientemente, el libro sobre los cuadernos que recogían sus anotaciones para las novelas. Lo de Elizabeth Gaskell fue un amor más tranquilo, menos pasional, pero igualmente perdurable. La conocía y la adopté para siempre como una de mis escritoras, uno de mis escritores, si me entendéis.  Ella es novecentista, desde luego. Ese glorioso XIX de tanta creación como convulsiones sociales. Londinense de 1810, fijaros, de los años en que en Cádiz se reunían las Cortes Liberal

Georges et Philippe

La editorial dÉpoca está llevando a cabo un rescate meritorio de obras literarias olvidadas. Obras que, en la mayoría de los casos, tuvieron enorme éxito en su momento pero que el paso del tiempo ha borrado de la memoria y de los anaqueles de los lectores. En el caso de esta obra que comentamos hay que destacar una circunstancia. Su autor, periodista y novelista, contemporáneo de Zola y del naturalismo, tuvo que convivir con el amor de los públicos y la hostilidad de los críticos, que rechazaron su obra porque la consideraban anacrónica. Esto de la crítica daría para mucho. En cuántas ocasiones esa crítica aniquila la labor literaria, o, al menos, la oculta, la ningunea. Para nuestro autor eso tuvo que ser difícil. En todo caso no le impidió gozar al menos veinte años del favor de los lectores y de su fidelidad, así como dedicarse en serio, de manera profesional, sistemática, al oficio de escritor.  Bueno será, por tanto, dedicar esta entrada a la memoria de quién ha estado sepult

Una biografía

“Jane Austen. Una vida“ Claire Tomalin. Editorial Circe. Traducción de Beatriz López Buisán.  Junto a mí, en este verano tan atípico en el que pocas cosas son las que eran, está este libro, en cuya portada aparece la imagen antigua de Jane Austen, según el dibujo que hizo de ella su hermana Cassandra Austen. Una mujer de su tiempo, tocada con una especie de cofia rizada, un vestido de corte imperio, como era la moda entonces y una blusa de manga corta con el cuello atravesado por una cinta de ribete. Jane Austen, que vivió entre los años 1775 y 1817, no era, sin embargo, exclusivamente, una mujer de su tiempo. Más bien, era alguien que se adelantó, que vislumbró o que imaginó otra forma de relacionarse, otra forma de vivir. Quienes han leído su obra de forma superficial puede que se hayan quedado solamente con las bodas, los amoríos o los ritos sociales que narra. Pero hay más. Mucho más. Y lo que hay es de interior, es de sentimiento y de emoción, de cómo enfrentarse al