Ir al contenido principal

Aquí está Don Juan Tenorio



Las grandes superficies, los pequeños comercios del barrio, las tiendas de los "chinos" (antes, tiendas de los "veinte duros"), todos, todos los lugares en donde se practica el noble arte de comprar y vender, están llenos estos días de finales de octubre, de unos tubérculos anaranjados, llamados calabazas.

Las calabazas aparecen en los escaparates, en los anaqueles y estanterías; algunas son pequeñas, tienen luces o sonido; otras son grandes; las hay en papel, en forma de caretas o máscaras; las hay también redondas y enormes. Toda una variedad de calabazas para celebrar la noche de Halloween, invento americano que, como todo lo que viene del mundo anglosajón, "amenaza" con convertirse, dentro de muy poco, en una arraigada costumbre andaluza y española.

Los que más celebran el Halloween son los niños de las clases de Infantil. Ahí llevan ya varios días recortando y pegando, coloreando y señalando, trazando calabazas y buscando calabazas (la búsqueda está, más bien, a cargo de las madres, que rastrean las tiendas para conseguir el preciado objeto que el niño llevará al aula al día siguiente). Los adolescentes se disfrazan y se dedican a recorrer el barrio y a llamar a las puertas de los vecinos, vestidos de mamarrachos (que no es nada malo, sino que es un disfraz casero, que uno mismo compone), con la cara blanca, los dientes ensagrentados de Drácula y el consabido "Truco o trato", es decir: "Trick or treat".

Nuestros niños de los grupos bilingües se llevan la palma en esto del "calabaceo". Puesto que ellos estudian, no solamente el idioma sino también la cultura, pues otra cosa sería impensable, han cubierto las clases de toda suerte de calabazas y están a la cabeza de quiénes, por Halloween, buscan asustar como sea al personal.

A todo esto, me ha dado en pensar en aquel galán sevillano que frecuentaba los cementerios y que, ataviado a la elegante usanza de la época, "subía a los palacios y bajaba a las cabañas", dejando en todas partes el eco de su "memoria amarga". Es decir, Don Juan, el Tenorio o Don Juan Tenorio, por más señas, aquí está Don Juan Tenorio para el que quiera algo de él. Ahí es nada.

Las representaciones del Tenorio son el elemento tradicional de estas fechas y tiene que competir, sin suerte alguna, con el Halloween, las calabazas, los disfraces de brujas y Jack Squeletor (este es mi personaje favorito) que va diciendo a voz en grito y con tono lúgubre: "Esto es Halloween, esto es Halloween, gritos en la oscuridad..."

Para los que creáis en la tradición y penséis que bien merece la pena mantenerla y acercarse a ella, podéis acudir a una de las dos representaciones teatrales del Tenorio que estarán estos días en Sevilla: la del teatro Quintero (por el Teatro Clásico y con el excelente Roberto Quintana en el papel de Don Gonzalo de Ulloa) y la del Teatro Lope de Vega (donde Producciones Excéntricas hace una relectura de la obra en clave de humor y cabaret).

Y si no podéis asistir a ninguna de estas dos formas de entender la tradición, aquí tenéis el enlace con la obra original de Zorrilla, para que podáis leerla en el puente, tomada de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

De todas formas, si preferís Halloween, buen truco o buen trato.

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes