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Azahar en Sevilla


Antes de salir a la calle para ver a Triana encendida, ante la promesa cierta de una semana llena de nostalgia, vida y olor a azahar, quisiera traer aquí, a este blog al que quizá sus seguidores accedan estos días en los ratos de calma, algunos nombres de quiénes, perteneciendo a la estirpe de Bécquer, han escrito de Sevilla y han convertido a la ciudad en maestra y dueña de sus emociones.
Tantos y tan distintos escritores han plasmado en sus obras lo que esta ciudad ha sido para ellos, y también, por qué no decirlo, lo que no ha llegado a ser, porque, como todas las ciudades extremas, puede ser madre y también madrastra. Pero ahí están ese puñado de nombres, entre otros muchos que mi memoria ahora mismo no es capaz de traer a estas líneas hechas a vuelapluma:
Desde Bécquer y, antes de él, Cervantes, preso en su cárcel, y Cernuda, que quiso a la ciudad que no quiso entenderlo. Y Romero Murube, Sevilla siempre en los labios, aunque él era palaciego. Juan Sierra o Rafael Montesinos. Poetas del exilio interior y exterior. Poetas del 27 que se reúnen en Sevilla para mostrarse al mundo. La ciudad de Manuel Chaves Nogales, su cronista impensado.
Muchos de ellos han hablado de este día: Domingo de Ramos, que se escribe con la luz de la inocencia y de los recuerdos de la infancia. Domingo distinto, según sea nuestro origen, nuestras creencias, nuestra trayectoria, nuestra familia, nuestras costumbres. En muchos hogares sevillanos es mañana de trasiego y mediodía de culminación. Los niños escriben el Domingo de Ramos con el color de la iniciación a los ritos que, quién lo sabe, pueden acompañarlos ya toda su vida.
Y la gente que vuelve. Hoy, Domingo de Ramos, estará Emilio Jiménez Díaz paseando por su Triana, dejando atrás una Córdoba que, aunque bella y plena, no forma parte de su memoria sentimental y, por eso, no puede sentirse abandonada. Hoy estarán los habitantes del Aljarafe volviendo a Sevilla y a Triana. Y también los del Polígono, que tuvieron que exiliarse cuando la especulación colmó el barrio.
Domingo de Ramos en las palabras de los poetas.
Y allí, lejos, ese espeso sabor de las salinas, número 17 de tantas madrugadas, allí, solo en lo alto; alli, sola en la tierra; allí, tan lejos, una calle de piedras y los zapatos nuevos.

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